Eduardo Galeano  
     
    Silvio Rodríguez
     
    Mario Benedetti
     
    Raúl Roa Kourí
     
    Miguel Barnet
     
    Raly Barrionuevo
     
    Rolando Rodriguez
   
    Aitor L. Larrabide
   
    Luisa Campuzano
   
    Israel Rojas
   
    Julio César Guanche
     
    James Cockcroft
     
    Frei Betto
     
    Narciso Isa Conde
     
    Mons. Carlos Manuel de Céspedes García-Menocal      
           
    Armando Hart Dávalos      
           
    Sergio Muniz      
           
    Miguel Bonnaso      
           
    Claudia Korol      
           
    Alicia Elizundia      
           
    Joserramón Melendes      
           
    Daniel De Santis      
           
    Marisa Rosado      
           
    Víctor Casaus      
           
    Ambrosio Fornet      
           
    Teresa Orosa      
           
    Miguel Angel Olivera      
           
    Fidel Díaz      
           
    Aleida Guevara March      
           
    Atilio A. Boron      
           
    Tirso Sáenz      
           
           
           
      Eduardo Galeano      
   

 ¡Ochenta años cumple el Che!
 Increíble.
 A esa edad y está como nuevo.
 ¿Será un caso único en la historia de la medicina?
 ¿Un error del tiempo, que por una vez viaja al revés?
 ¿O será milagro? ¿Milagro de la vitamina f, f de fe? No la fe en el alto cielo, sino en esta baja tierra, tierra maldita, y en el luminoso destino que ella espera.

Eduardo Galeano  

     
     
    Silvio Rodríguez
   

TONADA DEL ALBEDRÍO

Dijo Guevara el hermoso,
viendo al África llorar:
en el imperio mañoso
nunca se debe confiar.

Y dijo el Che legendario,
como sembrando una flor:
al buen revolucionario
sólo lo mueve el amor.

Dijo Guevara el humano
que ningún intelectual
debe ser asalariado
del pensamiento oficial.

―Debe dar tristeza y frío
ser un hombre artificial,
cabeza sin albedrío,
corazón condicional.

Mínimamente soy mío,
ay, pedacito mortal.

Silvio Rodríguez
2008

     
     
    Mario Benedetti
   

CHE 1997


Lo han cubierto de afiches / de pancartas
de voces en los muros
de agravios retroactivos
de honores a destiempo
lo han transformado en pieza de consumo
en memoria trivial
en ayer sin retorno
en rabia embalsamada
han decidido usarlo como epílogo
como última thule de la inocencia vana
como añejo arquetipo de santo o satanás
y quizás han resuelto que la única forma
de desprenderse de él
o dejarlo al garete
es vaciarlo de lumbre
convertirlo en un héroe
de mármol o de yeso
y por lo tanto inmóvil
o mejor como mito
o silueta o fantasma
del pasado pisado
sin embargo los ojos incerrables del che
miran como si no pudieran no mirar
asombrados tal vez de que el mundo no entienda
que treinta años después sigue bregando
dulce y tenaz por la dicha del hombre

Mario Benedetti

     
     
    Raúl Roa Kourí
   

A ochenta años de su luz

No puedo imaginarme a Che con ochenta años: el cabello cano, la barba rala ahora menos copiosa, más abundantes las arrugas a ambos lados de los ojos, como cuando reía, irónicamente, asemejándose tanto a la madre; el paso lento, la mirada menos acerada, sus manos finas moteadas por la edad, tal vez menos firme la voz, pero siempre recio el carácter y la broma a flor de labios, a veces incomprendida por sus hermanos de la Isla que no conocen el humor argentino. Le veo como hace 54 años, recién llegado a México de Guatemala,  donde no pudo defender con las armas—como quiso--al gobierno de Jacobo Arbenz de la traición fraguada por la CIA y perpetrada por Castillo Armas con apoyo yanqui.

Parecía, incluso, más joven que sus veintiséis primaveras. Su frente limpia y pronunciada denotaba inteligencia y su conversación era culta y amena. Sabía poemas de Neruda que a veces repetíamos, sobre todo del “Canto General”, pero también algunos, inolvidables, de sus “Veinte poemas de amor y una canción desesperada.” De ahí, de su amor por la poesía, nació su amistad con León Felipe, la voz más alta de la España peregrina en América.. Y su fraternidad con El Quijote, que le hizo llevar la adarga al hombro y empeñarse en luchar contra los imposibles: el asma que le asaltaba en la Sierra Maestra, en las selvas del Congo o en las montañas de Bolivia y que sometía a fuerza de voluntad; los rigores de la guerra de guerrilla, y la muerte de hermanos quemándole las entrañas… Y, encima de todo, resplandecía su bondad profunda: aquella que detuvo el disparo contra los soldaditos bolivianos, blancos fáciles, que se acercaban buscándole por la quebrada.

Puedo en cambio verle, como Martí a Bolívar, despierto y ceñudo, indicando el camino a los pueblos de América. Su ejemplo vive entre los que hoy pugnan con Evo Morales por una nueva patria de igualdad y justicia para todos; con los del  “bravo pueblo” amanecido en el ALBA proclamada por Chávez; con los sin tierra, que luchan por ver cumplidos sus derechos en el ancho Brasil;  hijos de San Martín,  de Juárez, de O’Higgins y de Artigas, que han echado de nuevo a andar en pos de “la segunda y verdadera independencia”. Con los seguidores de Fidel, que se aprestan a dar cima a la construcción de una nueva sociedad, cuya raíz esté fincada en la justicia y su objetivo en la liberación del hombre. Con quienes seguimos dispuestos a tornar realidad lo mejor de “sus sueños de constructor” y lo más valioso de su aporte de revolucionario comunista, que rechazó por falsa la ilusión de que se podía fundar el socialismo con los patrones del capitalismo.

A ochenta años de su luz, su figura de guerrillero legendario se agiganta y, aunque la burguesía imperialista y sus acólitos hayan tratado de convertir su efigie en mercancía, cada vez son más quienes le identifican con los cimeros valores del espíritu; con la brega por la libertad, la igualdad y la fraternidad entre los hombres de todos los credos, colores y latitudes; con la firmeza de principios y la altura de miras; con la decisión unívoca de luchar y avanzar hacia la victoria siempre. Y puesto que, como decía José Martí, “la muerte es tránsito y no fin,” Che sigue venciendo batallas desde su muerte, redivivo en el corazón de los hombres, mujeres y niños de la América nuestra.

Raúl Roa Kourí
Roma, 14 de junio de 2008

     
     
    Miguel Barnet
   

Querida Aleida:

Este poema tiene una anécdota que voy a contar por escrito por primera vez.

En 1965 en vida de Ernesto Guevara cuando nuestro Comandante en Jefe anunció que el Che se iba a otras tierras del mundo, yo que estaba en el Teatro Karl Marx junto a mi amiga Margarita Dalton hermana de Roque el gran poeta revolucionario asesinado en El Salvdor, tuve una idea pero no la pude plasmar hasta que no salì del teatro aquella noche.

Salimos a caminar Margarita y yo y ella extrajo de su bolso una cajetilla de cigarrillos en la cual quedaba uno solo que se fumó.  Cuando fue a tirar la cajetilla le pedí que no lo hiciera.  La abrí y en el dorso escribí mi poema al Che sentado en un banco de la 5ta. Ave.

Margarita fue la primera que lo leyó y el poema después fue publicado en la primera página del periódico Granma recién aparecido.  Luego se publicó en la Gaceta de Cuba de la UNEAC y en el mundo entero.

El poema está traducido entre otros, al inglés, italiano, árabe, chino, francés y otros muchos idiomas y Pablo Milanés escribió su canción Elegía al Che basada en el mismo utilizando la frase el poeta eres tú.  Y en efecto, el poeta y tuve el orgullo de decírselo en vida fue él porque sintió a la Revolución como se vive la poesía.

Ese es mi homenaje en vida al Guerrillero Heroico.

Miguel Barnet

     
     
    Raly Barrionuevo
   


...en el desandar del maravilloso camino de búsqueda, preguntas y desafíos que significa la vida misma,  siento la presencia del CHE a cada paso, como uno de mis más entrañables compañeros…

Raly Barrionuevo

     
     
    Rolando Rodriguez
   

Al Che en los 80

Quisiéramos que estuviera cada día  junto a nosotros. Unos miserables nos lo robaron, pero él se ha encargado de demostrar que el cuerpo no lo es todo. Hoy está más vivo que nunca.

Impone no porque este de pie en la plaza mas importante de Santa Clara. sino sobre todo porque está en el corazón de los villaclareños y de todos los hombres de bien del mundo, de todos los justos.

Rolando Rodriguez

     
     
    Aitor L. Larrabide
   

Fundación Miguel Hernández, Orihuela

La figura del Che, como otras tantas, van agigantándose con el tiempo, a medida que las modas, a menudo superficiales y que se quedan con lo banal, se van como esos malos vientos de invierno, como los pantalones de campana o los horrorosos cortes de pelo de hace unas décadas. En este mundo nuestro en el que lo que ayer era bueno hoy no lo es, lo que parecía que daba sentido a nuestras vidas y explicaba (o nos autojustificábamos) ahora parece todo falsario y ridículo, entonces, lo que antes era nuestras vidas hoy no nos sirve. Fabricamos dioses a nuestra conveniencia, los hacemos a imagen de nuestras ambiciones. Pero existen algunos sueños que permanecen en nuestro diario vivir, que dan sentido a lo que nos rodea y a nuestro ser.

Uno de ellos es el Che, que no es sólo una imagen o un icono, publicitario casi, sino la esperanza de varias generaciones sojuzgadas, pisoteadas por la bota del militarote o del terrateniente, que como el poeta español  Miguel Hernández, empuñaron los fusiles porque la libertad estaba amenazada y se la jugaron. Es fácil criticar a toro pasado, como decimos en España, pero para la generación de mi padre (que cuenta ahora con 66 años, justo los que falta el citado Miguel Hernández) fue una realidad viva, y para la mía (con 39 abriles) no debe ser pasado porque su idealismo y utopía deben seguir iluminándonos el camino que conduce a una estrella, aunque tengamos que hacer autocrítica pero sin derrumbar aquello que todavía hoy nos hace falta.

El Che está muy vivo, y hay que seguir luchando: por el género humano. 

Aitor L. Larrabide

     
     
    Luisa Campuzano
   

Una revista para el Che
(Revista de la Biblioteca Nacional “José Martí”. Año 58, Nos. 3-4, La Habana, julio-diciembre de 1967)

En octubre de 1967 ya no trabajaba en la Biblioteca Nacional. Me habían forzado a elegir entre mi reciente y ambicionada plaza de instructora en la Escuela de Letras de la Universidad de la Habana, y mi no tan viejo, pero muy querido oficio de secretaria de redacción de la Revista de la Biblioteca Nacional “José Martí”.  El flamante y efímero director de la biblioteca, Aurelio Alonso, me invitó a formar parte del Consejo de Redacción, con lo que de algún modo mantendría un vínculo con la Revista que imaginaba más simbólico que real. Sin embargo, la Historia, como siempre, y sobre todo la fuerza de los acontecimientos, me hicieron participar con gran dedicación en el número que la Revista comenzó a preparar al conocer la caída en combate del Che.
Por aquellos tiempos estaba muy actualizada la bibliografía cubana,  de modo que se pudo contar con una excelente compilación, que abarcaba noventa y cinco páginas de la Revista,  de toda la producción escrita del Comandante Guevara,  aparecida en  periódicos, libros, folletos, así como sus discursos, declaraciones, entrevistas, los trabajos que había publicado bajo seudónimo, sus prólogos, cartas, bandos, circulares, mensajes. Igualmente se incluía una bibliografía pasiva, menos amplia.
También entonces el trabajo intelectual era muchas veces anónimo, de modo que la bibliografía aparecía “firmada” por el Departamento de Consulta y Referencia de la institución. Sin duda alguna, aquel fue el primer instrumento que sirvió para orientar un estudio de la obra del Che, y si tenemos en cuenta la amplia circulación de la Revista, debida a la eficiencia de su Departamento de Canje, estaba garantizada su presencia en las más importantes bibliotecas del mundo.
Mi contribución a este número, también anónima, fue para mí una forma entrañable de conocer y apreciar aún mucho más en aquel momento de dolor universal, la dimensión cubana, hondamente cubana, del Che. La titulé: “Cuba y su historia en el Che”.  Para ello me dediqué a releer sus textos sobre historia de Cuba, sobre tiempos trascendentales de la formación de la nación, sobre héroes y protagonistas singulares de esos cien años de lucha cuyo ciclo integral él no alcanzaría a ver. Y tomando de aquí y de allá, de textos aparecidos en 1959, en el 60, en el 61, en el 62 armé una suerte de pequeña, fundamental, imprescindible historia de Cuba que el Che en entrevistas y discursos había ido organizando para sí mismo, para su aprendizaje cabal de esa asignatura Cuba, por la que había estado dispuesto a morir,  y para su auditorio. 
El número incluía, a continuación,  fragmentos de la comparecencia televisiva y radial del Comandante Fidel Castro en que anunciaba a nuestro pueblo la muerte del Che.
Esta entrega de la Revistaconcluía con una cronología, o mejor un “Ensayo de cronología” del Che,  que atribuyo sin dudas a la pluma del director de la Revista, el extraordinario polígrafo  Juan Pérez de la Riva, aunque, por supuesto, no estaba firmada. La cronología se titulaba “Tiempo de che”, esta última palabra en minúscula, con la tipografía que reproducía la inolvidable firma del Comandante, y que jugaba con la cita de Ezequiel Martínez Estrada que le servía de epígrafe: “Che Guevara le llama el pueblo que ignora que en guaraní quiere decir «mi» Guevara”. Pienso que había sido Juan su autor por el modo en que la concebía, ya que no era una cronología fría, factual, sino que en ella casi cada fecha se acompañaba de un fragmento del Che o de algunos de sus amigos o estudiosos, que precisaban y acotaban desde muy diversos puntos de vista, los hechos y momentos de que daba cuenta la cronología, por ello extraordinariamente rica. De igual modo la cita al final, en francés, de dos versos de Las flores del mal, de Baudelaire, sólo puede interpretarse como debida a Juan. Estos versos que rezuman tristeza, y al mismo tiempo admiración, servían de colofón a este número que comenzaba con una pequeña nota, también sin firma, escrita en el mismo tono por el director de Biblioteca.
Este fue el laborioso y productivo homenaje al Che de una de las más importantes instituciones del país. Para mí, haber contribuido modestamente a él constituye un recuerdo y un orgullo imperecedero.


Luisa Campuzano

La Habana, 25 de abril de 2008.

     
     
    Israel Rojas
   

El Che cumple 80 años de haber ganado su primera batalla: haber salido sano y salvo del vientre de  Doña Celia de la Serna.

Para los que le amamos, más allá de la sugestiva foto, de la enigmática iconografía, más allá de la consigna necesaria o a veces abusada,  incluso más allá del infinito anecdotario, el Che nace en cada cosa  hecha, sentida o pensada que honre la dignidad humana y el florecimiento  de todas las justicias posibles.

Más de una vez he pensado qué haría el Che si no hubiera sido el Comandante Ernesto Guevara, si no hubiera tenido la suerte de, con esa tormenta de emociones dentro, haber estado en los lugares y las circunstancias que lo llevaron a edificar lo que hoy es.

La pregunta solía estallarme, en directa proporcionalidad a  la impotencia ante las cosas que a cada paso veo en las actitudes de los hombres (incluyéndome) o el desarrollo de  actividades que poco o nada aportan al mejoramiento humano y de las cuales, se sabe, él combatió  implacable y revolucionariamente.

Puedo equivocarme, mas creo que el Che hubiera sido el médico que se va solidaria y voluntariamente a tejer, con los hilos del amor y la sanidad, la patria grande que es la humanidad toda. O ese otro que se queda en nuestros hospitales, estén o no reparados, estén o no bien dirigidos, doblando turnos y salvando vidas. El Che hubiera sido el agricultor que cosecha más frutos que justificaciones. El administrativo o el profesor incorruptible, que “hombre a todas”, sabe que vivir es andar, quizás pobre pero limpio, moralmente limpio. El periodista valiente comprometido con el arte de la verdad, no importa si es desde las páginas o micrófonos de un importante medio o en las modestas corresponsalías de montaña. Sería el trovador, el soldado o el sepulturero, que nunca  encontraron el “papel carbón” para ser  como él y desde entonces  se inventaron a sí mismos  desde sus posibilidades, con originalidad guevariana.

A los que no ven que él esta diseminado en lo mejor de nuestras almas, a los que no ven que no fue, no es y no será en vano  intentar que nuestros hijos y nosotros mismos seamos dialécticamente como el Che:  “Operación Milagro con ellos”. 

Israel Rojas Fiel        

     
     
    Julio César Guanche
   

La vida de nosotros

Notas sobre el pensamiento de Ernesto Che Guevara*

I. El marxismo del Che en el siglo xx

Toda la obra de Ernesto Che Guevara está recorrida por una idea esencial: la planificación es el modo de ser del socialismo, su definición propia. Sin embargo, el término planificación se asocia solo al mundo de la producción, a cómo se planifica la economía en el socialismo, mientras se obvia que la planificación es el combate de la historia contra la biología, el gran debate de la libertad sobre la determinación.

El Che es un pensador marxista, o sea, un pensador de la totalidad. Si el socialismo es un nuevo mundo cultural, el estatuto de otra civilización, el pensamiento del Che pretende planificar a conciencia el socialismo. «Planificar el socialismo» significa aquí construir la antípoda del capitalismo. Comprender que al socialismo no le basta ser la alternativa al capitalismo, sino que su posibilidad de triunfo radica en constituirse en la radicalidad de ser antítesis.

La edificación de tal proyecto no es el gesto de un discurso encendido, sino el resultado de una filosofía que se pronuncia sobre toda la realidad y se rescribe con ella. Si el marxismo revolucionario comprendió bien el funcionamiento del capitalismo como sistema, fue porque lo estudió en y más allá de la lógica de funcionamiento del capital: en sus contradicciones constitutivas, en el conjunto de la dominación cultural burguesa, en el aparato del Estado, en la explotación del trabajo, en la institución del ejército permanente, pero también, por ser condición y resultado de todo ello, en la enajenación de la vida humana, «en el conflicto entre el hombre y la naturaleza, entre el hombre y el hombre, entre existencia y esencia», como diría  Marx.

El Che recorre la trama cultural del capitalismo y revela, para las condiciones desde las cuales lucha, la especificidad necesaria de las antítesis.

Si el republicanismo jacobino y el marxismo opusieron la filosofía de las milicias populares a la del ejército regular, el Che opone, para las condiciones del mundo dependiente, subdesarrollado y colonial de mediados del siglo xx, la «guerra de guerrillas», como una guerra revolucionaria que gesta la filosofía popular del nuevo aparato estatal, así como comprende que no puede haber pactos con el Ejército —principal garante del aparato de dominación burgués— si la tarea de la Revolución es precisamente destruir este aparato; al mismo tiempo que marcha a Bolivia como forma de «internacionalismo proletario» en defensa de Viet Nam, conocedor de que la revolución socialista es internacional y no podrá desarrollarse jamás en un «solo país».

El Sistema presupuestario de financiamiento es la particular creación de Guevara para dar respuesta propia a un tema esencial de la tradición marxista: cómo producir una alternativa, desde la organización de la producción, a la lógica de reproducción del capital. Donde otras corrientes del marxismo revolucionario desarrollaron el tema marxiano del «trabajo libre y asociado» en el universo de la autogestión, del control obrero, o de los consejos obreros, y, en general, en el rango de la organización de los productores, el Che comprende lo fundamental, pero escoge otro camino: pensar una economía política no subordinada a las «leyes naturales» del capitalismo e imagina la planificación estatal democrática de la economía como la principal fortaleza para combatir una realidad que existe, el mercado, hacia el horizonte de su superación.

El Che no aprueba declarar desde la política la abolición de la ley del valor: ese tipo de «comunismo económico» no despierta su interés, pero tampoco pretende desarrollarla como clave transicional para el socialismo, pues desprecia también el socialismo de mercado. Su preocupación es la misma de Marx: pensar desde la fusión entre política y economía las formas de superar los límites de la producción de la vida vigente.

Cuando Guevara afirma que luchamos contra la miseria, pero también contra la alienación se reencuentra con el «joven Marx», proscrito por el marxismo soviético, al que no le basta afirmar la libertad política del individuo respecto al Estado sin plantearse la emancipación del trabajo. De hecho, a la explotación del trabajo, el Che opone una singular versión de trabajo emancipado concreto: el trabajo —de veras— voluntario, escenario de una nueva socialización entre los trabajadores y productor de nuevos sentidos para el trabajo.

La tesis del «hombre nuevo» es la específica refutación del Che de la idea de la «naturaleza humana», justificación «racional» de toda la economía capitalista. El «hombre nuevo» no es una apuesta moral, anuncio del profeta que habrá de traer el reino de la concordia y la justicia a la tierra, sino una operación filosófica revolucionaria: «El hombre es sobre todo espíritu, o sea, creación histórica, y no naturaleza», diría en el mismo sentido Gramsci. Con esto, no defiende otra cosa que la posibilidad misma del socialismo como afirmación de un nuevo mundo económico, cultural, político, moral.

Guevara pone el mundo al revés: los modelos políticos de dominación capitalista —el mercado, el estado burgués— no son valores universales provenientes de una realidad con anclaje en lo sociobiológico, sino un particularismo creado históricamente: la reproducción de un modelo de sociedad que, al afirmar una idea específica de «naturaleza humana», contribuye a reinventarla.

La frase célebre del Che según la cual no le interesaba el socialismo como método de distribución si no era al mismo tiempo una moral revolucionaria, significa que el Sistema presupuestario de financiamiento y la reflexión sobre el «hombre nuevo» son un mismo y único tema.

Para comprender, es imprescindible recordar contra cuál marxismo escribe el Che en la década de los sesenta del siglo pasado, dominado en un caso por el determinismo del marxismo soviético y en otro por las corrientes del estructuralismo y las afines a él: su idea del «hombre nuevo» tomaba posición ante ellos desde la clave marxiana: el hombre está condicionado por las circunstancias al tiempo que puede transformarlas: el hombre nace y se hace.
Se dice rápido, pero la frase esconde la radicalidad de su programa: 1.- combate la moralina ideológica sobre el «hombre nuevo» que postula altos y nuevos valores mientras la posibilidad de que estos encarnen en prácticas de vida son negados tenazmente por la realidad de un capitalismo disfrazado de socialismo y 2.- denuncia la dictadura a la cual somete a los hombres «el desarrollo de las fuerzas productivas», que, si «no se ha alcanzado hasta determinado grado», hace «imposible» el socialismo.

El «hombre nuevo», creación histórica, hecho en la historia y hacedor de la misma, y el Sistema presupuestario de financiamiento, ambos en relación, hacen reaparecer en el marxismo la dialéctica revolucionaria constitutiva entre el hombre y las circunstancias, la posibilidad abierta de la historia para hacerse a sí misma.

 

II. El socialismo del Che en el siglo xxi

Cuando el Che escuchó la argumentación según la cual el «Sistema presupuestario de financiamiento» y el «Cálculo económico» eran caminos distintos para llegar a Roma, respondió: No. Se trata de Romas distintas. Ese sigue siendo hoy su desafío: radicalizar las preguntas: definir a cuál Roma queremos llegar.

Para ello, la extraordinaria figura del Che nos tiende un equívoco: nos predispone a darle siempre la razón, a excluirlo de responsabilidad por cursos históricos fracasados, ubicarlo en el futuro y no en el pasado. Sin embargo, la actitud del Che en vida era el ejemplo de lo contrario: ¿por qué pensar que lo que «es» en el período de transición necesariamente «debe ser»?, es la desiderata guevarista.

¿Planificar qué y cómo para llegar a cuál Roma?, he ahí la cuestión.

Este texto comenzó con lo que muchos consideran una obviedad: para el Che la planificación es el modo de ser del socialismo, pero alguien corregirá: «para el pensamiento marxista la planificación es el modo de ser del socialismo». Sin embargo, en el Che, el problema desborda las declaraciones de fe.

A algunos le parecerá irrelevante, pues es habitual que uno desprecie lo que ignora, pero una parte del pensamiento liberal tiene el mismo tema: Karl Mannheim afirmaba: «la cuestión central de nuestro tiempo es la transición hacia la sociedad planificada». Su reflexión se integra a un cuerpo de pensamiento liberal que busca manejar los conflictos de una sociedad industrial en clave de cooperación, o integración, y pretende «planificar para la libertad», distingue la planificación de la regimentación, la centralización de la burocracia y piensa los modos de controlar desde lo público la actividad estatal para «ir más allá del laissez faire y de la regimentación total».

Los marxistas recordarán esta forma de preguntar, que se encuentra asimismo en el pensamiento liberal: ¿quién planifica a los planificadores?, ¿quién controla a los controladores?, por el Marx que preguntaba: ¿quién educa al educador? Si la planificación es el instrumento para conseguir una voluntad política unificada, la racionalización del trabajo, la eficiencia en el uso de los saberes y los recursos sociales, la preocupación consiguiente es cómo producir una sociedad planificada y libre a la vez, o sea, en qué formas políticas concretas cobrará sentido la planificación.

De hecho, Joseph Schumpeter reconocía la funcionalidad de la economía planificada en el socialismo y la superioridad del socialismo centralista sobre cualquier otro tipo de socialismo gremialista o sindicalista. Su argumentación sobre la condición económica del socialismo es todavía atendible: si el socialismo es un nuevo mundo cultural, puede sostener una comparación a la baja con la economía del capitalismo y aún así resultar satisfactorio para sus beneficiarios.

Pero la centralización y la planificación, por sí solas, no producen socialismo. Para una parte de los comentaristas —guevaristas— de la polémica sobre el Sistema presupuestario de financiamiento, Charles Bettelheim es el perdedor en el debate. Yo no ensayaré el sinsentido de reconstruir aquí esa polémica, pero quiero rescatar un solo punto de la argumentación de Bettelheim, que me parece esencial: «Lo que caracteriza al socialismo en oposición al capitalismo no es «la existencia e inexistencia de relaciones mercantiles, de dinero y de precios, sino la existencia de la dominación del proletariado, la existencia de la Dictadura del proletariado», «lo cual remite a las relaciones concretas de ese poder con las masas trabajadoras, y por tanto, a las formas de existencia del poder del proleta­riado».
La concepción ideológica del Sistema Presupuestario de Financiamiento permitiría, según el Che, privilegiar la conciencia como resorte fundamental de la actividad humana, exigir una elaboración no burocrática del plan, conceder a la planificación su pleno rol antiautárquico, preservar los efectos integradores sobre los disruptivos de la iniciativa autónoma, por ello, al mismo tiempo, podía denunciar la centralización inconsecuente, la falta de participación, la baja productividad, la ausencia de calidad, la no consideración de los costos como herramienta de dirección del proceso productivo, entre otros males de las economías socialistas conocidas.
Porque en el Che la planificación no burocrática arrastra otros temas conexos: el papel de la prensa en el socialismo, el rol de la discusión política y del debate en la esfera pública, la amplia comunicación política, la información horizontal, la cualidad del sistema educativo para formar capacidades de actuación crítica, entre otras muchas ideas tratadas por el Che y que no se suelen poner en relación con su concepción «económica».

Ciertamente, al Che no le fue posible avanzar más en la concreción de las formas organizativas del poder de los trabajadores desde las cuales producir la planificación democrática y socialista, más allá de las menciones a la libre discusión, al ejercicio de la crítica, a la participación en Asambleas de Producción, a los llamados a la participación de las masas para decidir «cuánto va a la acumulación y cuánto al consumo», pero todo ello sin desarrollar demasiado el marco institucional necesario para viabilizarlo, por ello no explicitó, ni adaptó, ninguna de las formas institucionales que el marxismo revolucionario ha pensado como aparato estatal socialista, proveniente de la «experiencia asociativa de las masas», como escribía Gramsci: Soviets, Comuna, Consejo obrero, Consejos de Fábrica, o cualesquiera otro de sus nombres.

Lo anterior no parece ser producto de una «autenticidad», de no tomar con literalidad algo existente, sino más bien de la imposibilidad de adentrarse más —por las condiciones de su vida, su lucha y su muerte— en el tema de la democracia socialista y de sus formas concretas de existencia. De hecho, salvo un trabajo, esencial pero solitario, no encontramos en él, como afirma Fernando Martínez Heredia, una reflexión sobre el papel de la burocracia en el socialismo, de la entidad que amerita el tema.

Sin embargo, el Che comprende lo esencial: «el establecimiento del sistema socialista no liquida las contradicciones sino que modifica la forma de solucionarlas». De negarse —decía el Che— el «derecho a disentir en los métodos de construcción (lucha ideológica) a los propios revolucionarios, se crearían las condiciones para el dogmatismo más cerril».
El Che comprende que la planificación sirve al socialismo, pero también puede servir al capitalismo, por ello su obsesión contra la utilización de las «armas melladas» del capitalismo, por las formas capitalistas de producción y de ejercicio político que, de perpetuarse, aún bajo condiciones de redistribución socialista de la producción, traen al capitalismo de regreso a manos de los contrabandistas del capital.

La reflexión del Che sigue siendo un muro levantado contra la perpetuación «inconsciente» de las estructuras culturales del capitalismo. Es imposible resolver problemas con la misma mentalidad que los creó. Ante los problemas generados por el sistema del Cálculo económico, el Che responde que se quieren solucionar con más Cálculo Económico, es decir, los problemas generados por la falta de una radicalización socialista, no pueden ser resueltos con menos sino con más socialismo.

Che Guevara pertenece a la estirpe de dirigentes revolucionarios para los cuales los problemas prioritarios son los de los oprimidos y no los de una geopolítica del Estado socialista. Él único que en cincuenta años se atrevió a mencionar juntos a Trostky y a Stalin defendiendo la necesidad de estudiarlos; uno de los pocos, junto a Fidel Castro y a otros muy escasos, en denunciar cómo la política del socialismo soviético reproducía las condiciones del subdesarrollo y la dependencia por mantener las condiciones de intercambio bajo reglas de mercado, de los que combatió en África y Bolivia, después del análisis meticuloso de situaciones concretas, con el universo analítico más amplio y atendiendo a las necesidades del corazón.
La planificación del Che es la que busca reunir la libertad del ser humano individual con la libertad del género humano. El hombre nuevo del Che no es solo, como decía Rosa Luxemburgo, el que ha extirpado hasta su última raíz «los hábitos de obediencia y de servidumbre para adquirir el sentido de una nueva disciplina, de la autodisciplina libremente consentida», sino, con ella, la concreción de la idea marxiana de que el ideal del socialismo es la plenitud humana: la vida liberada del nosotros contra la vida vigilada de los otros y por los otros.

Julio César Guanche


* Intervención en el panel «El pensamiento del Che: Miradas desde el siglo XXI», IV Conferencia Internacional La obra de Carlos Marx y los desafíos del siglo XXI, La Habana, 7 de mayo de 2007

Ver desarrollos en profundidad de estas ideas en Michael Lowy, El pensamiento del Che Guevara, Siglo XXI editores, 1971

El estudio más completo y sistemático del pensamiento del Che en este campo en: Carlos Tablada, El pensamiento económico del Che, Casa de las Américas, La Habana, 1987 (la edición número 30 es de Ruth Casa Editorial, 2005). Del mismo autor ver: El marxismo del Che, Ruth Casa Editorial, 2007)

Los estudios desarrollados por Néstor Kohan en este campo —el marxismo en época del Che, en relación con el marxismo soviético, el estructuralismo, el marxismo occidental en general, el tema de la enajenación en el marxismo y en el guevarismo, entre otros temas vinculados al marxismo del Che— son de particular importancia: ver Néstor Kohan, Otro mundo es posible, Editorial Nuestra América, Buenos Aires, 2003

Ver Karl Mannheim, Libertad, poder y planificación democrática, Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1953

Ver J. A. Schumpeter, Capitalismo, Socialismo y Democracia, Aguilar,  S.A de Edciones, Madrid, México, Buenos Aires, 1952

Ver Paul M. Sweezy y Charles Bettelheim, Algunos problemas actuales del socialismo, EditorialSiglo XXI, México, 1971

Ver la amplia antología que Ernest Mandel dedicó al tema: Control obrero, Consejos obreros, Autogestión, Ediciones Era, México DF, 1974

Para este tema resulta esencial Fernando Martínez Heredia, Che: el socialismo y el comunismo, Casa de las Américas, La Habana, 1989 (el tema tratado en detalle en pp.111-112)

Citado por Orlando Borrego, Che el camino del fuego, Editorial Imagen Contemporánea, La Habana, 2001 (p. 371)

     
     
    James Cockcroft
   

HACE 40 AÑOS CAMINABA

[en homenaje a Ernesto “Che” Guevara para el 40 aniversario de su asesinato]

I

Hace 40 años caminaba
en el campo de Antioch College,
perdido en mis pensamientos…

Cuando me saludó en voz alta un colega desagradable,
un profesor jovial de psicología,
un fanático anticomunista.

“El Che Guevara ha muerto,” me anunció con satisfacción,
y mi corazón se cayó,
mientras mi cabeza se levantó.

Dije: “Verá usted que dentro de muchos años
todo el mundo se acordará del Che
como la figura más importante del siglo veinte.”

El tipo me miró un larguísimo momento,
como si estuviera hipnotizado,
y contestó: “¡Carajo! Probablemente tienes razón.”

II

Luego, leí en el diario del Che en Bolivia
cómo él no entendía por qué
cada vez que su grupo dejaba atrás al enemigo,
éste volvía repentinamente a estar tras él.

Él no sabía que investigadores de la Universidad de Michigan,
pagados por el Pentágono,
habían descubierto como usar sensores infrarrojos
para detectar el calor del cuerpo humano a gran distancia.

Así que inconscientemente el Che nos dejó otra lección:
hay cosas que no podemos anticipar,
sin embargo debemos actuar
sabiendo lo que sabemos.

III

Y lo que el Che supo sigue
siendo verdad,
el enemigo de la humanidad
sigue siendo el mismo imperio.

“Dos, tres, muchos Vietnam”
ya existen en otras formas,
desde Iraq hasta Venezuela,
desde Mindanao hasta Bolivia.

El emperador sale para su
patio trasero y descubre la pobreza,
mientras docenas de miles lo ven desnudo
bajo la cubierta de igual número de fuerzas policiaco-militares.

IV

Algunos pocos de la generación del Che
salieron de sus hogares para ir “on the road,”
pero solamente un puñado tuvo la valentía y sabiduría
de la juventud rebelde, de dedicarse al deber humano:
hacer la revolución.

No es un misterio la fama del Che,
ni el porqué de su comercialización,
ya que desde el viaje de Nixon a China
y las siguientes ventas de sacos estilo Mao
hemos sabido que el capitalismo consume al comunismo.

Che está presente en todas partes del mundo,
un símbolo de lo mejor del ser humano,
de los sueños, los principios de solidaridad,
el internacionalismo, la honestidad, la generosidad,
el actuar según el mejor análisis alcanzable,
para que se logren la justicia social y la paz mundial.

V

El Che no fue sentimental cuando explicó que
el verdadero revolucionario está motivado por
profundos sentimientos de amor.
Lo sentimental, o mejor dicho lo heroico,
es vivirlo.

No es que seremos como el Che
sino que quisiéramos ser como él.
Por eso también el Che
representa lo mejor de la humanidad.

Hace 40 años caminaba...
y fuimos muchos caminando...
y muchos se cayeron,
y todos triunfaron.

Porque seguimos caminando,
juntos con nuestros muertos,
juntos con las nuevas generaciones
en rebelión, todas y todos
unificados en el espíritu del Che.

James Cockcroft

     
     
    Frei Betto
   

Che Guevara: mensaje de aniversario

El 14 de junio Che Guevara cumpliría ochenta años. Su militancia entre nosotros terminó a los treinta y nueve.

Pero no consiguieron matarlo. Hoy está más vivo que en sus cuatro décadas de existencia real. Además, son raros los revolucionarios que como Mao y el propio Fidel, envejecen. Muchos derramaron temprano su sangre para contribuir al proyecto de un mundo de libertad, justicia y paz: Jesús, con 33 años; Martí, 42; Sandino, 38; Zapata, 39; Farabundo Martí, 38; solo para citar unos pocos ejemplos.

El enemigo se debe arrancar los cabellos al constatar que, hoy, Che, se encuentra más presente que en la época en que ellos creían poder asesinar las ideas. Intentaron todo para condenarlo al olvido; cortaron su cuerpo y escondieron sus miembros en diferentes lugares; inventaron sobre él toda suerte de mentiras; prohibieron que su literatura circulase  en muchos países. Fénix obstinada, Che revive en fotos, música, espectáculos teatrales, filmes, poemas, novelas, esculturas y textos académicos. Hasta una cerveza bautizaron con su nombre, la “Unique Garden, la imagen de su rostro conforme la famosa foto de Korda, ocupa el centro de las salas de las viviendas.

Al constatar que las cadenas no aprisionan los símbolos, ni las balas matan los ejemplos, inventaron falsas biografías para intentar difamarlo. En vano. Hasta en los juegos de fútbol los aficionados levantan pancartas con su rostro. Y vean que no se gasta un centavo en esa propagación de su imagen. Ella sola tiene importancia por reflejar las ideas que hicieron de él un revolucionario. Nada de eso es fruto del marketing. Son gestos espontáneos de quienes quieren enfatizar que la utopía permanece viva.

Hoy, al resumir el legado del Che y celebrar sus ochenta años nos exige mantener el corazón y los ojos vueltos hacia la preocupante situación  de nuestro planeta, donde impera la hegemonía del neoliberalismo. Multitudes, sobre todo jóvenes, son atraídas al individualismo y no al espíritu comunitario; a la competitividad y no a la solidaridad; a la ambición desmedida y no a la lucha en pro de la erradicación de la miseria.

Se habla tanto del fracaso del socialismo en el Este europeo y casi nunca del fracaso inevitable del capitalismo para los dos tercios de la humanidad, de los cuatro billones de personas que viven por debajo de la línea de pobreza.

Nos angustia también la degradación ambiental. Si los líderes mundiales hubiesen oído el alerta de Fidel en la Cumbre del 92 en Río de Janeiro quizás la devastación no hubiese llegado al extremo de provocar frecuentes tsunamis, tornados, tifones y huracanes jamás vistos, sin hablar del calentamiento global, del deshielo de los casquetes polares y la desertificación de los bosques. La devastación de la Amazonía es alarmante.

El barril de petróleo, que cuesta diez dólares en la boca del pozo, ya cuesta más de ciento veinte dólares en el mercado. Es triste constatar que grandes áreas agrícolas para la alimentación son reservadas para la producción  de etanol destinado a nutrir los 800 millones de vehículos automotores que circulan en todo el planeta y no a los 824 millones de bocas hambrientas amenazadas por la muerte precoz. Frente a ese mundo en que la especulación financiera suplantó la producción de bienes y servicios, en que la bolsa de valores sirve de termómetro de la supuesta felicidad del hombre, ¿qué hacer?

Bolívar debe estar feliz con la primavera democrática en América del Sur. Después de los ciclos de dictaduras militares y gobiernos neoliberales, ahora el pueblo elige gobiernos que rechazan el ALCA, aprueban el ALBA y refuerzan el MERCOSUR y repudian la invasión de Iraq y el bloqueo a Cuba por parte del gobierno de Estados Unidos.

¿Cuál es la mejor manera de conmemorar los ochenta años del Che? Creo que el mejor regalo sería ver a las nuevas generaciones creyendo y luchando por otro mundo posible, donde la solidaridad sea hábito, no virtud; la práctica de la justicia una exigencia ética; el socialismo el nombre político del amor. ¡ Construir un mundo sin degradación ambiental, hambre y desigualdad social!

En vísperas del 50 aniversario de la Revolución cubana, todos debemos encararla cada vez más, no como un hecho del pasado y sí como un proyecto de futuro.

Frei Betto

     
     
    Narciso Isa Conde
    La actualidad del Che en las revoluciones del presente

A Kiva Maidanik, ejemplar, talentoso y erudito latinoamericanista soviético. Comunista toda la vida a pesar del poder burocrático, guevarista de alma y corazón en tiempos difíciles, amigo entrañable… al aproximarse el 80 aniversario de Ernesto Guevara de la Serna

En la trayectoria y la obra revolucionaria del Che se sintetizan la actitud frente a la ciencia y al mito que tanto necesitamos en el proceso de recuperación de las izquierdas y de la confianza de los pueblos en su propio accionar.

El símbolo Che crece con los años, después de su fusilamiento en Bolivia. Se reafirma como fuente de inspiración luego de todos los reveses sufridos, trasciende la época que le tocó vivir y demuestra toda la falsedad que encierra aquello del “fin de la historia” cuando más se requiere combatir y superar un orden capitalista cada vez más injusto, brutal y riesgoso para la vida en el planeta.

  • Rebeldía, insumisión.
  • Apertura de mente.
  • Aferramiento a la verdad.
  • Correspondencia entre su prédica y su práctica.
  • Indiferencia ante los bienes materiales, el prestigio personal y la fatuidad.
  • Aversión al poder para sí.
  • Militante de todas las causas justas.
  • Crítico implacable y mordaz de sí mismo.
  • Reflexivo y crítico temprano de los problemas que aquejaban al llamado socialismo real.
  • Innovador y creativo en la búsqueda de un tránsito al socialismo de profundo contenido humano.
  • Internacionalista a toda prueba.
  • Adversario del burocratismo y del dogmatismo.
  • Preocupado por la necesidad de forjar seres humanos nuevos.
  • Enemigo de la autoafirmación y partidario del ensayo que confirmara el acierto o el error.
  • Enemigo de los privilegios y del uso abusivo del poder.
  • Solidario, humano, desprendido de todo egoísmo en la relación con sus compañeros/as de lucha y sus familiares y amigos.
  • Portador de una moral y una honestidad inconmovibles.
  • Apasionado en la búsqueda científica y en el estudio superador.
  • Enemigo de la copia y esforzado en la creación teórica ajustada a la realidad de América Latina y del llamado Tercer Mundo.
  • Defensor intransigente de un orden mundial justo y equitativo.
  • Practicante de un profundo amor por la humanidad y sus causas emancipadoras.

 

Estas cualidades, entre otras, caracterizaron la vida y la trayectoria del Che.

Ellas pudieron no abarcar todas las necesarias en su época y pueden ser incluso, en algunos aspectos, insuficientes en este nuevo período dado las nuevas situaciones y los fenómenos no desarrollados, o limitadamente tratados, en la época que le tocó vivir y luchar.

Entre esto hay que destacar lo relativo a los cambios en el capitalismo y en las sociedades hegemonizadas por él en esta era neoliberal y a la luz del desarrollo científico-técnico, los nuevos actores sociales y el impacto sobre los viejos, las repercusiones y reflexiones sobre el colapso del denominado socialismo real, el rol de los pueblos originarios convertidos en nuevos sujetos políticos, las nuevas modalidades de la lucha de clases, las nuevas reflexiones y rebeldías sobre la opresión de género, el adulto-centrismo, el ambientalismo, la globalización y dictadura mediática modernizada…

Reconocerlo de seguro resultaría del agrado de Ernesto dentro de su nueva condición de fuente inspiradora de las nuevas revoluciones.

Pero no hay dudas de que esos y otros atributos de su personalidad y de rol social explican el porqué de la trascendencia de su ejemplo, el porqué de su poder convocante y estimulante, el porqué de su extraordinaria y singular incidencia en la recuperación de la subjetividad antiimperialista, anticapitalista y socialista, tan mellada por los golpes recibidos en la última década del Siglo XX.

Explica el porqué no lo han podido asesinar espiritualmente después de su muerte física, a pesar de múltiples intentos: unas veces trivializando sus ideas y acciones; otras, reconociendo su “jerarquía ética” y su “apostolado revolucionario”, pero declarándolas virtudes de otros tiempos, incompatibles con las nuevas tecnologías, con la evolución de la “democracia”, con la industrialización, con las economías emergentes basadas en el auge de la microelectrónica y la robótica, y con la supuesta obsolescencia de la lucha armada y la re-configuración de los ejércitos.

Siempre, claro está, obviando que las causas de sus múltiples rebeldías, preocupación y propuestas alternativas se han potenciado en una época en la que el capitalismo y los imperialismos se han tornado más explotadores, excluyentes, violentos, saqueadores guerreristas y depredadores.

Ciertamente que la era neoliberal y los cambios en el patrón de acumulación y en los grados de internacionalización del capitalismo marca la entrada a nuevos tiempo, pero realmente tiempos peores de los que le tocó vivir y sufrir a la generación revolucionaria del Che.

El anticapitalismo, el antiimperialismo, el anti-burocratismo, el humanismo, el pro-socialismo de Ernesto Guevara…cobran realmente más actualidad a partir de los cambios acrecidos en el sistema imperialista mundial y a la luz de las causas del derrumbe del denominado socialismo real y la desintegración de la URSS.

Como nos dice Helio Gallardo “se trata, obviamente, del dominio unilateral de la acumulación de capital y, por ello, de un mercado-centrismo concentrador, centralizador y a la vez precarizados y fragmentador…El mercado-centrismo es, sin discusión, una forma de imperialismo”.

Y en cuanto al empobrecimiento-agrega-“…una ilegitimidad internacional y transnacional de esta magnitud…podría alcanzar hasta un 80% de la población, mientras el deterioro de la habitad mundial podría remontarse, en el siglo XXI, a un 100%”.

“De modo-subraya- que desvanecido el desencuentro este-oeste, no ha desaparecido para nada el imperialismo. Y éste (occidental, blanco, cristiano, opulento, adulto, macho y a fortiori, capitalista) castiga todavía más duro y tenazmente que antes a los empobrecidos en las economías deformes, a las culturas diferentes, a los campesinos, a las razas discriminadas, a los pueblos originarios, a las mujeres y jóvenes”.

“Es una falsa política económica-concluye- la que ignora o finge ignorar que el opulento y poderoso es el factor dominante de una relación económica-cultural que produce empobrecidos. Sin lucha revolucionaria contra la dominación no existen ni nación ni ser humano. Este es el mensaje del Che. Y tiene vigencia”. (Helio Gallardo.- Vigencia y Mito de Ernesto Guevara, págs. 13, 14, 15. Primera Edición Dominicana.- Grafi-Caribe 1997)

Para el Che el proyecto emancipador de la humanidad estaba muy por encima de cualquier método y de cualquier circunstancia o estadio del capitalismo. Y contrario a la forma reduccionista y estigmatizadora que emplearon sus detractores para presentarlo como un empecinado “guerrerista” (al que le llegaron a poner mates de “militarista”, “foquista” y hasta de “terrorista” y de “narco-terrorista”, como ahora hacen con las FARC_EP), en lo que a métodos y vías se refiere, si bien su formulaciones dieron respuestas a realidades históricas-concretas que lo llevaron a privilegiar la vía armada, su marco conceptual y su práctica política sobre el tema carecía de toda rigidez y unilateralidad.

EL Che fue un revolucionario integral, imposible de reducir a una vertiente de la lucha o a un simple “guerrero operativo”.

El Che fue un pensador, un revolucionario que apreciaba la teoría y el conocimiento humano, y que creó teoría revolucionaria; siempre proclive a nuevas búsquedas derivadas de la prueba del acierto y del error.

El Che fue un organizador, un estadista, un luchador social, un político innovador, ajeno a todo dogma.

El Che nunca confundió el método guerrillero, o el procedimiento de la lucha armada, con el proyecto social- liberador, con la idea de la transformación mundial.

El Che teorizó sobre la violencia revolucionaria sin reducirla a la guerra popular. Y lo hizo para las condiciones de los pueblos oprimidos, especialmente para los pueblos latinos- caribeños en función de la destrucción del viejo poder, de sus instituciones, de su lógica violenta y opresiva.

Analizó el capitalismo, la oligarquía, la dependencia y el dominio imperial y oligárquico de su tiempo. Y tambien las condiciones sociales, económicas, culturales… de nuestras sociedades.

Privilegió la guerrilla como unidad móvil combatiente en el contexto del despliegue de la guerra de todo el pueblo, incluyendo de todas las formas de luchas legales e ilegales, abiertas y clandestinas… la concibió como la clave para configurar la conciencia colectiva de la posibilidad de la victoria armada contra un poder armado, violento, explotador y opresor.

Pero el Che asumió tambien la posibilidad de una victoria estratégica por vía institucional o no armada.

“Recuérdese –escribió entonces- nuestra insistencia: tránsito pacifico no es logro de poder  formal en elecciones o mediante movimiento de opinión pública sin combates directos, sino la interacción de poder socialista, con todas sus atributos, sin el uso de la lucha armada”.

……..

“Es lógico-agregó- que todas las fuerzas progresistas no tengan que iniciar el camino de a revolución armada si no utilizan hasta el último minuto la posibilidad de la lucha legal dentro de las condiciones burguesas”.

Eso es precisamente lo que se está haciendo hoy en el contexto de nuevos intentos hacia transformaciones revolucionarias, en Venezuela, Ecuador y Bolivia… con potencialidades realmente diversas y limitaciones mayores o menores en uno u otro caso; como procesos iniciales que incluyen nuevos actores y sujetos político-sociales.

Y en estas situaciones, como en otras parecidas, es preciso volver al Che en lo que respecta a su concepción de poder popular y de construcción de sociedades alternativas al capitalismo.

Porque para el Che no se trataba –ni para mí se trata- solo de logros en gobiernos de inspiración e impactos populares, sino de una nueva construcción, composición, y funciones políticas de los poderes populares sociales, de toda una nueva institucionalidad y una nueva forma de participación, reproducción y dignificación social  y ejercicio de poder de los pueblos.

La obra del Che esta impregnada de amor hacia la humanidad. El odio en él se reduce al merecido por las minorías crueles que la dominan, empobrecen y exterminan.

La guerra en el Che está determinada por las duras condiciones del dominio imperial-oligárquico. Es una lucha impuesta, no deseada, una rebeldía basada en la autoestima y auto-dignificación popular. Una obra de amor de los pueblos por su razón de ser y por su felicidad.

  • El Che y el nuevo socialismo

La obra multifacética del Che ha conservado una enorme vigencia 40 años después de su infame fusilamiento en aquella escuelita de la Higuera e incluso casi 20 después del cataclismo político y la profunda depresión subjetiva provocada por el colapso del denominado socialismo euro-oriental.

Señal de su fuerza, su pertinencia, su raigambre en los anhelos de la humanidad. Por eso conservó vigencia y creció aun durante los años en que la revolución y el socialismo –si bien pertinentes- perdieron actualidad y Cuba –dramáticamente aislada y acosada por el imperio- era apreciada por la vocería dominante como un reducto de las revoluciones pro-socialistas del siglo XX, condenada inexorablemente al fracaso.

Señal, sobretodo, de su poder transformador frente a una realidad aun peor, signada por la abrumante campaña que promovía la idea de la ausencia de alternativas al capitalismo y presentaba como “dementes” o “ilusos” a quienes, pese a todo, sostuvimos el combate por el ideal socialista.

 En verdad Marx y Engels concibieron desde la ciencia el socialismo como algo muy distinto a lo que finalmente colapsó en Europa Oriental.

Lenin habló de su carácter reversible y de la necesidad de “mucho intentos”

Y el Che, como marxista y leninista de pura esencia, abrazó la idea del socialismo como movimiento que realiza “muchos intento” y supone una gran voluntad y capacidad de acción revolucionarias, ausencia de dogma, innovación, imaginación en los análisis y en las propuestas superadoras.

Socialismo para el Che era un nombre para la “creación heroica” de que nos habló José Carlos Mariategui. Un proceso esencialmente creativo, entendido además como camino largo y difícil, no exento de reveses e incluso de derrotas mayores.

El Che fue agudo y perspicaz crítico del devenir altamente defectuoso y precario de los procesos de orientación socialista de Europa del Este y de su entronque ventajista con las luchas libradoras y las revoluciones en el llamado tercer mundo.

Todo esto explica porqué no se inmutó la solidez conceptual y ética de la obra del Che frente a esas derrotas perturbadoras. Y es porque la misma supone al socialismo como alternativa fuerte e imprescindible frente a un orden mundial capitalista llamado a destruir a los seres humanos y a la naturaleza ¡Ahora más que nunca antes!

El Che, repito, concibió el socialismo como proceso sujeto a extraviarse de ruta y a retroceder. Y sobre todo como movilización persistente, como proceso participativo, como vía de maduración y tema de conciencia sobre las transformaciones necesarias; como movimiento creador de nuevos valores y nuevos seres humanos, como tránsito a la libertad plena y al bienestar colectivo.

El socialismo del Che recupera muchos de los valores de la trascendente revolución del pensamiento social que representaron Marx y Engels y mucha de la creatividad y capacidad innovadora de V.I Lenin, siempre apuntando al corazón del capital.

Recupera así lo original pisoteado, dañado, olvidado.

Y es nuevo tambien en tanto se diferencia del “socialismo” que sucumbió y en tanto su concepción aporta su esencia anti-burocrática, su espíritu de búsqueda permanente, su insumisión frente al dogma, sus reflexiones sobre las realidades del capitalismo dependiente, su internacionalismo consecuente, sus valores éticos, su apego al rol de la conciencia y la voluntad transformadora, y sus agudas críticas al mercantilismo…Y aporta todo esto y más aun a las nuevas reflexiones respecto al socialismo apropiado para este Siglo XXI después de las lecciones recibidas en el Siglo XX.

Pero igual, el antiimperialismo del Che y su concepción sobre la violencia revolucionaria, su insistencia en la creación de una vanguardia revolucionaria, su visión sobre la  guerra de todo el pueblo -más allá de la pertinencia actual de las vías de aproximación a los grandes cambios por los caminos de las luchas electorales y de las movilizaciones sociales- vuelven a ser referencias obligadas si se tiene presente la estrategia de guerra global de los EEUU y sus diseños de guerras de baja y alta intensidad para América Latina y el Caribe con la meta de revocar procesos de cambios, autodeterminación y reformas avanzadas en varios países y de apoderarse-vía militar- de los valiosos recursos energéticos, minerales y acuíferos de nuestra América

 Y en el espíritu de búsqueda del Che, procurando rescatar lo válido-original de su proyecto transformador e incorporar las nuevas reflexiones relacionados sobre la manera de pensar el socialismo en estos tiempos, es preciso asumir la transición al socialismo desde de una intensa creatividad que posibilite progresivamente erradicar el sistema capitalista, su modo de producción, su modo de distribución, su ideología ,sus instituciones, su impronta cultural, su esencia clasista, su carácter patriarcal, su esencia adulto-céntrica, su programa ecocida, sus anti-valores racistas y antidemocráticos.
 
Igual asumirlo como vía de superación progresiva del mercado y de la propiedad privada sobre los medios de producción, distribución, servicios y riquezas naturales, y ruta hacia el establecimiento del intercambio basado en los precios, como medio hacia una economía y una sociedad basada en el intercambio equivalente de valores, en la solidaridad humana, sin Estado, sin burocracia, sin privilegios y sin represión de ningún tipo, repleta de libertades y abierta a la auto-superación y las más diversas formas de participación, escuela de formación de seres sin egoísmos y bondadosos.

Y porque el “socialismo” que fracasó carecía de muchos de estos atributos, al negar al capitalismo que representa todo lo contrario, estamos obligados(as) a hablar de un nuevo socialismo, suma de sus valores originales negados por los poderes burocratizados del denominado “socialismo de Estado”,  de todo lo actual del acerbo guevarista no aplicado y de sus reflexiones y búsquedas no completadas, de las lecciones de la historia post Marx, Engels, Lenin, de los aportes de otros(as) pensadores(as) revolucionarios y del desarrollo posterior del pensamiento socialista hasta nuestros días.

Narciso Isa Conde

Mayo 2009, Santo Domingo, RD

     
     
    Mons. Carlos Manuel de Céspedes García-Menocal
   

Breve aproximación personal al Che Guevara

Era costumbre del Papa Juan Pablo II viajar acompañado por periodistas que, luego, reportarían el viaje. Durante el vuelo, en algún momento, el Papa pasaba a la cabina ocupada por los periodistas y hablaba un rato con ellos. Le preguntaban habitualmente no sólo sobre ese viaje, sino también sobre casi todo lo humano y lo divino que les interesase en ese momento. En la anécdota que voy a referir, se trataba de un viaje a Africa – Juan Pablo II realizó varios a ese continente -, hacia finales de la década de los ochenta o a inicios de la de los noventa. Ya en esos años se especulaba acerca de una posible visita de Juan Pablo II a Cuba. Se vino a concretar en enero de 1998. En algún periódico o revista de entonces, leí lo siguiente que, ahora, trato de reconstruir, fiado a mi memoria.

En la cabina aérea se había hablado ya de la descolonización de los países africanos, relativamente reciente entonces. Si se tocaba ese tema, resultaba casi ineludible referirse, de algún modo, a Cuba y al Che, uno de los protagonistas de ese proceso. La pregunta fue directa: “¿Qué opina Su Santidad sobre el Che?” Según el artículo que entonces leí, el Papa habría guardado un silencio reflexivo durante algunos instantes. Lo rompió diciendo, con sencillez  iluminadora: “No lo conozco a fondo, pero sé que se preocupó por los pobres. Consecuentemente, merece mi respeto”. Me doy cuenta de que el juicio de Juan Pablo II me condujo a una aproximación más justa acerca del Che. A la hora de juzgar los hechos de una persona, no deberíamos eludir las motivaciones que tuvo para realizarlos, para asumir una actitud ante la vida. El Che no es una excepción. Una cosa son los excesos que podría haber cometido en el marco de esa “preocupación”, y otra, de muy diverso carácter, las que cometen hombres y grupos por las sinrazones del egoísmo y la ambición. desmesurada.

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Como la mayoría de los cubanos, tuve  las primeras referencias firmes acerca del Che cuando empezó la guerrilla en la Sierra Maestra, después del desembarco del “Granma”, o sea, a inicios de diciembre de 1956. Ya yo estudiaba en el Seminario de La Habana y, entonces,  la condición disciplinar de la institución, hoy diversa, nos dificultaba las informaciones acerca de la situación política y de casi todo lo que ocurría en nuestro País y en el mundo. Afortunadamente, yo mantenía comunicación asidua no sólo con mi familia, sino también con amigos, entre los que se encontraban compañeros universitarios. El Che resultaba ser el más enigmático de los líderes de aquel proceso. A los cubanos los conocíamos; al Che lo empezábamos a conocer.

Todas las referencias coincidían en afirmar su arrojo casi temerario ante el peligro, así como el espíritu de disciplina. Conocimos que era médico y se hacían historias acerca de su viaje por América Latina, su presencia en la Guatemala de Arbenz, el encuentro con Raúl y Fidel en México, etc. Casi todos valoraban también, desde aquel entonces, la coherencia entre sus convicciones y los hechos de su vida. Se decía, asimismo, que era un lector voraz de buena literatura, con una marcada preferencia los libros de Filosofía, y por los autores  clásicos; no sólo los españoles, sino también los griegos y latinos, lo cual me gustaba mucho. Se afirmaba su cultura política de orientación marxista, lo cual, para muchos cubanos de la época, constituía un obstáculo para llegar a apreciarlo positivamente. Reconozco que para mí no lo era tanto pues, aunque discrepaba de la carencia de una metafísica y de su negación de la trascendencia en el marxismo, simpatizaba con el énfasis en el socialismo. Evidentemente, el marxismo no era, ni es,  mi orientación filosófico-política; pero tampoco lo era, ni lo es, el anticomunismo, más visceral que racional. Aunque algunos miraban con desconfianza su condición de extranjero, desde aquellos años algunos amigos, y yo personalmente, relacionábamos su presencia en el seno de la Revolución cubana, con la de tantos extranjeros que cooperaron con nuestros movimientos independentistas del siglo XIX; sobre todo con la de Máximo Gómez. El Generalísimo dominicano, lo sabemos de sobra, es parte integrante del panteón patriótico e internacionalista  cubano.

A medida que nos encaminábamos a la victoria revolucionaria y, ya en la etapa final, villaclareña, de la guerrilla, las anécdotas acerca del Che, naturalmente, se multiplicaban. Y mis preguntas a mí mismo, acerca de él, también. Junto con los datos positivos, se me presentaba una actitud justiciera radical, dura y fría, frente a las debilidades y errores humanos; actitud que nunca me ha resultado positiva cuando la descubro en personas de mi entorno, o en personas a las que llego por el camino de mis estudios de historia. Los primeros meses de Gobierno Revolucionario, con el Che ya instalado en La Habana, parecían confirmar, a mis ojos, la demasía de tal ánimo justiciero, tanto en el Che, como en la mayoría de los dirigentes históricos de la Revolución. Los discursos y escritos del Che en la época estaban en la misma línea.

Sin embargo, también se me incrementaba la admiración ante su coherencia existencial e intelectual, así como su sensibilidad social. Algunos amigos míos, personales, llegaron a ser colaboradores cercanos del Che en ese período Ellos constituyeron una preciosa fuente de información acerca de la riqueza y matices de su temperamento. No lo podíamos encerrar en su palabra congelada. Ni a él, ni a nadie. Y con ésa difícil especie de contradicción en mi acercamiento al Che, llegamos a su etapa final, conocida de primera  mano por su “diario” de campaña en Bolivia. Lamentablemente, nunca lo traté. Durante una buena parte de su presencia en Cuba, yo vivía y estudiaba en Roma (agosto de 1959 a agosto de 1963). Desapareció el Che de Cuba  - Africa, Bolivia y muerte por asesinato –, sin que yo hubiese podido llenar la laguna de no haber tenido el  acercamiento, casi imprescindible, para conocer y valorar rectamente a una persona.

Luego vinieron los años del entusiasmo ante el Che, en Cuba y fuera de ella, aún entre personas y grupos que tomaban distancias con relación al proceso revolucionario cubano. Años del  crecimiento, casi mitológico, de la imagen, la de la memoria y la de la iconografía,  centrada ésta en la fotografía de Korda. Recordemos el mayo parisino de 1968 y todo lo que ha sucedido después, en relación - directa o no - con ese mes irrepetible. Años también, de la aparición de los ensayos y biografías. Imposible acceder a tantas obras. En más de una ocasión, pedí orientación al respecto a Manuel Piñeiro, con quien yo mantuve una buena amistad, nunca deteriorada por las discrepancias discutibles..Por mi parte, pues, han sido los años de la decantación de la imagen del Che.

Y ahora aparece “Evocación. Mi vida al lado del Che”, el libro insustituible de Aleida March, la esposa y compañera afectiva del Che en sus años cubanos, los definitivos y definitorios. Ella es la única que podía custodiar la presencia de esos rasgos de la intimidad y testimoniarlos ahora, a una distancia de más de cuarenta años, con su prosa sencilla, como la de quien conversa familiarmente. Como deben haber sido contadas estas cosas a sus hijos, que no tuvieron mejor puente hacia el Che que Aleida, su madre.. Ahora nos ha tocado en suerte, también a nosotros, acceder a ese camino testimonial, asomarnos a esas realidades no aprehensibles  por otra vía que no hubiese sido ésta, la del testimonio de la esposa y madre de sus hijos. Camino complementario  irrenunciable por parte todos los que deseamos “conocer” al Che por entero. Conocerlo en su médula interior y en las fibrillas del corazón; conocerlo en ese nivel del ser humano en el que se deciden tanto las realidades cotidianas más pequeñas, como las del peso social y visible; nivel en el que surgen, se deciden y empiezan a vislumbrarse los errores y las virtudes, las dimensiones positivas y las que no lo son.

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Todos los caminos me confluyen ahora en la frase de Juan Pablo II citada en el inicio de esta reflexión.. Casi todo en el Che debería ser contemplado a la luz de su opción coherente y radical por los pobres; de su pasión por lo que solemos llamar “justicia social”. Tan coherente y radical, tan acerina fue su pasión, que lo llevó a la ofrenda de su propia  vida. Y cuando un hombre entero llega a esos extremos, las discrepancias con él adquieren otro tono, pues tal hombre merece, no sólo respeto, sino también admiración entrañable.

Mons. Carlos Manuel de Céspedes García-Menocal
La Habana, 27 de Mayo de 2008

     
     
    Armando Hart Dávalos

En este aniversario 80 de su natalicio pienso que la mejor manera de honrar al Che es extrayendo algunas conclusiones sobre cómo y porqué la historia le ha dado la razón.

En El socialismo y el hombre en Cuba, está embrionariamente presentado el análisis de los factores superestructurales y subjetivos en relación con la base material de la sociedad socialista. En esa obra el Che aborda el tema crucial de la superestructura ideológica, política, moral y cultural y de sus relaciones con la base económica en la especificidad cubana de los primeros años de la Revolución. En una época en que se insistía en los estímulos materiales para la movilización social y de la producción, él insistía en los instrumentos y mecanismos de índole moral, sin olvidar una correcta utilización de los estímulos materiales.

Los  más recientes estudios del cerebro humano, la bioética y el sistema nervioso central en general, confirman la raíz material de la vida espiritual y, por tanto, los factores subjetivos y objetivos en que tanto insistió el Che. Las ciencias naturales han ratificado las convicciones filosóficas más profundas del Guerrillero Heroico. 

A más de 40 años de su llamado a crear dos, tres, muchos Vietnam para derrotar al imperialismo asistimos hoy a una situación cargada de peligros y confrontaciones pero también de esperanzas y de luchas por un mundo mejor. El imperialismo y su sistema de dominación mundial presentan síntomas de crisis profunda y agotamiento. Hoy no tiene fuerza para imponer un sistema de Derecho porque carece de la ética y de la cultura necesarias para ello. Está echando por la borda los principios éticos, jurídicos y políticos en los que dijo sustentarse el sistema capitalista.
El socialismo tiene que encontrar el camino de la ética, del derecho, para poder avanzar hacia una sociedad en que impere la igualdad de todos los hombres sin excepción.

El Che continua siendo el paradigma de ser humano y de revolucionario que necesita el  siglo XXI porque desde hace 40 años alumbró con el ejemplo de su vida el sueño de una cosa que el mundo necesita asumir como conciencia para realizar los ideales de libertad, de justicia, de prosperidad para todos acariciados durante milenios de historia, en otras palabras, la aspiración socialista.
           
Armando Hart Dávalos
Director
Oficina del Programa Martiano
28 de mayo de 2008

 

     
    Sergio Muniz
   

Prezado Victo,
Yo habia empezado ese poema en octubre/1967 en mi ciudad São Paulo, pero solo lo terminé
En enero/1987 en San Antonio de los Baños.
De manera sencilla, es (fue) mi homenaje al Che.

Sergio Muniz

o caminho não tinha nenhuma certeza
a não ser a própria,
enquanto o sol dependurava-se nas sua orelhas
e a poesia disparava seu ultimo gesto.
já era dia alto
quando a hora pintada de calor
desenhou sua sombra
de crucifico calibre 45
sobre o homem magro
com a boina estraçalhada de esperança.
num ultimo e desafiante sorriso
acompanhou o vôo do tiro que,
esbaforido,
cravou-lhe o aviso derradeiro.
e calou-se
Na solidão de muitos de nós.



Sergio Muniz

     
     
    Miguel Bonnaso
    MAS  ALLA  DE  LA ESTATUA

Una imagen extraordinaria nos sacudió hace algunos días, mientras navegábamos por la red: la monumental estatua del Ché, con el Obelisco porteño a sus espaldas. Fue en el trayecto hacia su Rosario natal, donde el monumento fundido con el aporte de miles de personas que enviaron llaves y otros objetos de metal, sería emplazado para celebrar el 80 aniversario de su nacimiento y, sobre todo, para reparar una injusticia histórica: el anatema o la desatención de la Argentina oficial.

Sin duda “la querida presencia” del Comandante Ernesto Guevara, habita en el corazón de varias generaciones de militantes populares desde el mismo momento en que se conoció su contribución decisiva al triunfo de la Revolución Cubana, pero el país de nacimiento, el que dio origen a las tres letras de su apodo universal, estaba en deuda con uno de sus hijos más ilustres.

La generación de los 30 mil desaparecidos, la más noble y generosa de la historia argentina, la que se comprometió hasta dar la vida en defensa de los humillados y ofendidos, nació a la militancia movilizada por el ejemplo del Ché. Más allá de siglas e identidades políticas, la generación del setenta fue guevarista en sus principios y en su conducta. Y gracias a esa conciencia guevarista, fue la primera generación política que enriqueció la lucha por la liberación nacional, integrándola a la lucha por la liberación latinoamericana.

En inevitable paralelo, los dueños del país y sus sicarios uniformados, intentaron sepultar su memoria y reprimieron duramente a los propios familiares de Guevara y a sus miles de seguidores. Por temor, por ignorancia, por oportunismo o por sectarismo, algunos sectores políticos les hicieron el juego; no fuera a ser que los considerasen “subversivos”. También hubo quien conspiró desde el mundo de la cultura, para escamotear la esencia revolucionaria de la parábola del Ché, presentándolo como un “idealista” ajeno a la circunstancia histórica real, como un “romántico incurable” predestinado para la derrota y el martirologio. El sistema quiso anularlo también desde el elogio de doble filo o la conversión en un ícono mercantilizado, asimilable a la sopa de tomate de Andy Warhol.

Más allá de la estatua y su victorioso peregrinaje a Rosario, es indudable que perdieron la batalla de ideas. No es casual que este demorado homenaje al Comandante Guevara se produzca en este momento. En una etapa signada por la recuperación de la memoria histórica y renovadas victorias para alcanzar –después de tantos años de impunidad- la verdad y la justicia que se merecen los treinta mil desaparecidos.

Tampoco es casual que este reconocimiento tenga lugar en una circunstancia latinoamericana excepcional, en la que los pueblos rechazan el modelo neoliberal y eligen nuevos gobiernos comprometidos con el viejo anhelo de la Patria Grande. Aunque las dificultades siguen siendo enormes y el proyecto bolivariano, que el Ché encarnó como ninguno, continúa sometido a graves asechanzas, hay razones para celebrar este triunfo de la memoria histórica.
     
Miguel Bonasso

     
     
    Claudia Korol
    Che: pedagogía del ejemplo

Cuando Che cumpla 80 años, su imagen y su ejemplo habrán completado una vez más la vuelta al mundo.

No se habrán cumplido sus sueños todavía, pero se habrán multiplicado.
Sus sueños se sembraron en América Latina, en la tierra fértil regada por más de 500 años de resistencia indígena, negra y popular. Sus semillas no transgénicas están plantadas en el corazón del continente, no para ser clonadas por el dogmatismo, no para ser esterilizadas por el mercado. El socialismo, creía el Che como Mariátegui, no será calco ni copia sino creación heroica de los pueblos.

Las semillas guevarianas vuelven el heroísmo una actitud cotidiana. Creación heroica hacen los y las militantes del Movimiento Sin Tierra del Brasil, ocupando – resistiendo – produciendo. Creando nuevos sentidos para continuar la historia. Creación heroica hacen las comunidades zapatistas en el sudeste mexicano, reinventando los contornos multicolores de la utopía. Creación heroica es la del pueblo que renace la esperanza en Paraguay, derrotando la corrupción, la mentira, empujando la reforma agraria, la soberanía, la dignidad. Creación heroica hace el pueblo que refunda la Nación en Bolivia; desafiando a las oligarquías entreguistas, racistas, genocidas, que pretenden cobrar el diezmo con el separatismo de sus obscenas ganancias. Creación heroica es la revolución bolivariana expandiendo las fronteras de la unidad continental, impulsando el ALBA, el UNA SUR, parándose frente a la lógica de muerte de Uribe y de su Plan Colombia, guevariando América Latina con su llamado a construir el socialismo del siglo 21.

Creación heroica, claro, es Cuba, donde Guevara se vuelve una vez más pionero, naciendo estrellas frente al imperio. Ahí anda el caballero con la adarga bajo el brazo, desfaciendo entuertos, revolucionando revoluciones, discutiendo con Fidel nuevas expediciones guerrilleras al corazón de los pueblos.

Cuando Che cumpla 80 años, su ejemplo dará calor a quienes sientan el frío impacto de las políticas de saqueo y destrucción del capitalismo. Dará ternura a quienes se encuentren olvidados por un sistema que excluye y niega a las mayorías. Dará fuerza a quienes se comprometan a no entregar su memoria en el juego mercantil que banaliza los compromisos –incluso los que se dicen revolucionarios-. Dará pasión a quienes no se cansan de inaugurar batallas contra el imperialismo, donde quiera que esté. Se burlará de quienes piensan que transformar el mundo es tarea que se realiza con el ceño fruncido y la desconfianza como bandera. Dará una sonrisa de complicidad, para reírse del burocratismo y del oportunismo que le rinden tardíos homenajes. Dará, sobre todo, la posibilidad de creer, no en un mito, no en una palabra sagrada, no en un discurso vuelto dogma. La posibilidad de creer en el pueblo, y con él jugarse la vida, cada día, en cada esquina en que se rehaga la esperanza, en cada batalla, en cada poema, en cada tambor, en cada sabor, en cada color que nombre el antiguo sueño de la libertad; vuelto horizonte una vez más en nuestra marcha.

Claudia Korol

     
     
    Alicia Elizunda
   

DONDE LA VICTORIA VIVE SOBRE LA MUERTE*

Javiera tiene siete años. No pudo conocer a su abuelo, el hombre de la boina negra y la estrella en la frente, pero entiende que ese hombre supo amar y por eso quiso dejarle una rosa calcada con esmero, como lo hacen las niñas de su edad.
Otra niña, de catorce años, argentina, hizo que su madre viniera expresamente hasta Santa Clara a traerle una pequeña misiva.
Querido Che:
Esta carta es muy difícil de escribir…
Quisiera decirte tantas cosas como por ejemplo ¡¡Te amo!!
Espérame que voy a ir. Chau.
Un beso eterno. Coni
Desde Bolivia, una mujer llegó para conocer a su padre, después de muchísimos años. En sus manos, una bandera del país, un ramo de flores amarillas y rojas y un pequeño búcaro de plata cuidadosamente cifrado: «Con amor, tu hija Lena». Junto a la ofrenda, una fotocopia en blanco y negro con la imagen del guerrillero Casildo Condori —Víctor, en la guerrilla boliviana comandada por el Che. Llegó sin pronunciar palabras.
Conmovida. Solo después, como casi siempre suele ocurrir, se dirigió a una de las trabajadoras del Mausoleo y la hizo su confidente.
Así han llegado cientos de tributos al Memorial Ernesto Che Guevara en Santa Clara  desde que los restos del Guerrillero y sus compañeros yacen en este sitio.
Obras de artesanía de todas las nacionalidades, banderas, monedas, velas, poemas; un mechón de pelo; prendas quitadas bajo los efectos de la emoción, flores de variados colores, dedicatorias llenas de afecto: «Para el hombre que me hace llorar de alegría. Para mi inspirador y guía, mi consejero y amigo».
Disímiles objetos son guardados celosamente como parte de la colección, los que llevan consigo toda la carga emocional y sentimental de quienes visitan el lugar.
Otros prefieren tener una comunicación más íntima con el Che. Por eso desde Italia llegó un coro de música clásica y pidió permiso para cantarle. Representantes del «Movimiento Sin Tierra» de América Latina, le hicieron su ritual, le hablaron en sus dialectos, le cantaron, para finalmente beber todos de una misma agua y comer de un mismo pan. Personas que vienen para pedirle por la salud de los suyos. Gente que a menudo retorna y permanece minutos en silencio frente al nicho, tal vez para colmarse de las energías que le transmite el héroe; o tal vez, para compartir una historia muy personal.
Quienes desde hace años trabajan en el Memorial Ernesto Che Guevara tienen incontables experiencias. Entre ellas nunca puede faltar la del joven norteamericano que, antes de morir, pidió que sus cenizas fueran expandidas al pie de la estatua del Guerrillero, y tal como era su deseo se hizo; o la de la muchacha alemana que no pudo realizar su sueño de «encontrarse» con el Che, y después de su muerte sus padres lo hicieron en su nombre, y como constancia de ese viaje dejaron una foto y una dedicatoria.

Así, el lugar donde desde 1997 permanece el Che junto a sus compañeros de lucha, se ha convertido en centro de peregrinación para muchas personas de este mundo por el cual él soñó y luchó. ¿Cuántos latinoamericanos, desde el río Bravo hasta la Patagonia, han venido a encontrarse con el Guerrillero de América? ¿Cuántos europeos, africanos, asiáticos? Casi un

millón doscientos mil personas* han pasado por este santuario de la Revolución latinoamericana, donde el Che tiene su morada, sin tiempo para el descanso; donde el Che pacientemente escucha, sin distinción de credos y razas; donde el Che infunde seguridad, en un planeta cundido por el temor y la inseguridad.
Por eso, suelen llegarle cartas como esta:
Che:
[…]
Ante todo te doy las gracias por representar las cosas que siento y pienso.
Es bueno tener un cable a tierra en una Argentina tan indiferente, injusta y ambiciosa; y vos sos ese cable a tierra. Por eso, gracias de nuevo.
Mi hijo se llamará Ernesto…
¡Hasta la victoria siempre!

Alicia Elizundia

*  Esta crónica  forma parte del libro Bajo la piel del Che, escrito a partir de la llegada de los restos del Che a Santa Clara.  Ediciones Memoria, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, 2005; Ediciones Monte Avila, Caracas, 2007. Bajo la piel del Che ha obtenido el Premio Memoria, 2002  y Premio Iberoamericano de Etica Elena Gil, 2006 que otorga el Centro Felix Varela.

* Trascurridos  diez años de la llegada de los restos del Che a Santa Clara, la cifra asciende a más de dos millones de personas.  Como  promedio llegan hasta el Mausoleo diariamente  unos ochocientos visitantes de diferentes países,  mayoritariamente de  Italia, España, Alemania, Argentina y Venezuela.

     
     
    Joserramón Melendes
   

Le abían sersenado las alas en Ñankajuasú. Así disfrasado sin proponérselo, pudo abitar esos meses últimos de su encarnasión casi en la comunión qe no tenía desde niño, cuando todos eran ánjeles. El uniforme militar le apretaba sobre los muñones, pero balía la pena. El asma tampoco se abía abenido a respirar el aire a su caída- paresió alérjica o nerbiosa como todas. Los otros militares, los enemigos, le abían echo el fabor con su pésima puntería i su exaltada milagrería rejional. u00adTírale en las alas a ese bichou00ad, bromearon a la primera bista de lo qe paresía un cóndor i creían una sombra entre las matas. La ráfaga iso su sirujía inosente. Unos cuentan qe las dos alas lebitaron a bista de todos. Otros cuentan qe nada de eso fue real. Algunos de estos se empeñan sin embargo qe, en la muerte, Roqe i Che deliraron a su amada. Así, disen: u00adBienes, siempre bienes, bien; nos bienes, asentida. Como bolando, suabe como te sé. Me arropas con tu fresco, me das sombra en el sol qe me raja la carne qe ya es yaga, i me la labas con tu amor. Toda de biento suabe, como una noche al mediodía fijo: las balas qe se ensañan en su gangrena también a su senid, suxionas con tus labios. No duelen las eridas deslabiadas, tú las lames. Me amas como siempre i me limpias, como una yubia fina sobre el país de susio qe se borra en el país de sueño qe te entrego. As benido porqe sabes qe te buscaba cuando te dejé. Aora as benido tú porqe yegé asta ti. Asta el amor a la bida qe eres, el amor de la bida. Ésto.


Joserramón Melendes
Puerto Rico

     
     
    Daniel De Santis
   

¡ COMANDANTE! / Argentina, hacia el 14 de junio de 2008

No caíste en Bolivia como rayo en un día sereno. Los mineros te esperaban y los campesinos comenzaban a quererte. Yo se por qué fuiste, me lo contó el Inti Peredo en Mi campaña junto al Che y vos nos dejaste muchas pistas, por eso sé que tuviste razón, vos fuiste el que viste más lejos y tuviste mil veces razón.

Te lloré aquel 9 o 10 de octubre de 1967, porque ya era uno de los tuyos aunque aún no lo sabía, tomaría conciencia de ello pocos meses después, a fines de enero del año siguiente, cuando el primer Vietnam le puso cerco a la muerte y les dio tremenda paliza a las tropas yanquis invasoras.

Por aquel año de La Higuera ya muchos estaban, por aquí, afilando sus machetes para crear junto a vos el segundo Vietnam: el Robi Santucho, el Paraguas Carlos Olmedo, El Kadre y Caride, los Negros Sabino Navarro, Antonio Fernández y Tato Aguirre, los Pelados Enrique Gorriarán y Marcos Osatinsky. Ellos fueron los que en Taco Ralo, en Rosario y Escobar, en el vivac de Campo de Mayo, en Garín y en la Calera hicieron sonar los primeros disparos revolucionarios.

De otra manera, por entre los sindicatos, estaban: Tosco el Gringo grande, Gustavo Rearte, el Chinqui Fote y el Negro Germán. Estallaron el 29 de mayo el Cordobazo y el 17 de septiembre el Rosariazo, de aquel glorioso año 1969; fue cuando comenzamos a ser muy muchos. Y el 15 de marzo del ´71, en el Viborazo, las columnas obreras hicieron suyos los emblemas y la estrella roja del socialismo brilló eclipsando al propio sol.

Fuiste creciendo raudamente y se hizo realidad aquello de que otros brazos se tenderían a empuñar tu fusil, y fueron cientos para luego ser miles y otros miles. Tu mano gloriosa y fuerte nos sostuvo en mil batallas, y el socialismo fue mucho más claro delineado por tu pluma, comenzamos a comprender de qué nos hablaba Carlos Marx, el que nació en Tréveris, cuando vos nos decías que con la arcilla juvenil haríamos el hombre nuevo y la sociedad del hombre comunista. Durante los 10 años siguientes peleamos duramente, nos elevamos hasta el cielo y creímos posible tomarlo por asalto, la revolución no era lo imposible.

Tu presencia era tan clara que no la pudieron perdonar los traidores a la Patria, y el pueblo argentino tuvo su 8 de octubre el 24 de marzo de 1976. Nos encerraron en salones, como a vos, convertidos en campos de exterminio y nos fusilaron y asesinaron de todas las maneras, pero hasta allí brilló tu estrella que adquirió todo su fulgor cuando a Domingo Menna, luego de tres meses de las más brutales torturas, los esbirros lo tentaron a colaborar a cambio de su vida, le dieron dos días para pensarlo, él simplemente les respondió: “no hace falta pensarlo”. ¡Qué triunfo hermano!

La “restauración democrática” estaba muy ocupada en esculpir nueves figuras que desviaran al pueblo de su lucha. Más que acordarse de vos prefirieron que pasaras a un tranquilo olvido. En 1989 allí cayó el Muro y aquí subió Carlos Saúl, y en el ‘91 allí se desintegró la Unión Soviética y aquí se integró el Plan de Convertibilidad de la mano de Menem, el  vendepatria,  y del ecónomo de gorra militar, Cavallo.

Así estábamos cuando unos pocos decidimos recordarnos de cuando caíste gigante con tus alas rotas. Aquel 8 de octubre de 1992 nos juntamos los mismos 82 que murieron en el Moncada, los mismos 82 que desembarcaron desde el Granma, allá en las Coloradas. Entre aquellos 82 estaban Pacheco, Rosa, Miguel, el Negro Vera, el Loncha y sus familias, todos obrero/as comunistas, como vos, que al alejarse del vetusto tronco partidario, se encontraron con este veterano militante guevarista. Siento que aquel 8 de octubre todos teníamos los 82 años de Reina Diez, oradora principal del acto, aunque desapercibido había también un grupo de jóvenes. Año aciago aquel de 1992 que había confirmado tu certero pronóstico, acerca del regreso al capitalismo en los países del “socialismo real”, que expusiste más de una vez y que encontró su máxima formulación en aquella carta a Fidel, de abril del ´65, que hace sólo unos años pudimos conocer.

La rebelión de diciembre de 2001 te otorgó nuevamente la palabra, a vos y a Mario Roberto. Desde antes han querido, y quieren, transformarte en un bello rostro inofensivo, es por eso que tu imagen está impresa en millones de camisetas, lo que a veces lleva a pensar que la ley del valor pudo más que las contradicciones del capitalismo Nosotros no renegamos por ello, le pasamos la factura a la demagogia capitalista y las llenamos de contenido porque, como vos, sabemos que debajo late un corazón de ser humano.

Yo sé como te sentís colgado en las paredes de los despachos, de los varios que fueron tus soldados, en donde no se habla de luchar concientemente contra la vigencia de la ley del valor capitalista, sino de cómo aumentar la plusvalía y, como aves de rapiña, acumularla en los bolsillos de los malos imperialistas y peores nacionales. Pero sé, porque me lo contaron los trabajadores de la limpieza, que por las noches te salís de la imagen demagógica y, con tu sonrisa más irónica, les mezclas todos los papeles para hacer más difícil la explotación del hombre por el hombre.

Desde esa misma imagen sé que polemizás con otros habitantes, de habitaciones menos ostentosas, que en tu nombre hacen revoluciones de papel, y se olvidan que fuiste vos quién vino a romper con los vicios de una izquierda raquítica y anquilosada, que se perdía en los laberintos de las cámaras legislativas y a la espera de algún militar providencial que los sacara de la impotencia.

Por eso se que vos querés que nos juntemos y, todos juntos, vayamos conscientizando pueblos y construyendo organización revolucionaria con sus mejores hijos, guiados por grandes sentimientos de amor, por una conducta noble entre las masas, alentadas por un debate franco en la resolución de los matices entre los militantes revolucionarios y, todos juntos y fuertes, seguir de lleno en la batalla de ideas contra los explotadores para que las nuestras florezcan en las conciencias fértiles de los hombres y mujeres de los pueblos de nuestra América morena, latina y total.

Vos no querías una caricatura, sino que la marcha de los desamparados del mundo no se detenga más que derribando la explotación de unos hombres y mujeres por otros hombres y mujeres, que haga realidad una sociedad nueva en la que esos hombres y mujeres sean todos hermanos. En ese andar por la lucha democrática, agraria, obrera, antiimperialista, hacia ese destino que la utopía y la ciencia no han encontrado otra palabra más precisa que -al decir del otro grande de América: José Carlos Mariátegui- las engloba y las precede, que se llama socialista. Ese socialismo que deberá apurar su marcha hacia la sociedad del hombre nuevo y, por lo tanto, del hombre comunista (de Marx y Engels) como vos querías.

Sabemos que muchas cosas han cambiado, pero no en beneficio de los pueblos, sino en su contra, es por eso que con las nuevas legiones de jóvenes guevaristas escribimos en nuestra divisa: “Ahora sí, la historia tendrá que contar con los pobres de América, con los explotados y vilipendiados de América Latina, que han decidido empezar a escribir ellos mismos, para siempre, su historia. Ya se les ve por los caminos un día y otro, a pie, en marchas sin término de cientos de kilómetros, para llegar hasta los «olimpos» gobernantes a recabar sus derechos. Ya se les ve, armados de piedras, de palos, de machetes, de un lado y otro, cada día, ocupando las tierras, fincando sus garfios en la tierra que les pertenece y defendiéndola con su vida; se les ve, llevando sus cartelones, sus banderas sus consignas; haciéndolas correr en el viento por entre las montañas o a lo largo de los llanos. Y esa ola de estremecido rencor, de justicia reclamada, de derecho pisoteado que se empieza a levantar por entre las tierras de Latinoamérica, esa ola ya no parará más. Esa ola irá creciendo cada día que pase. Porque esa ola la forman los más mayoritarios en todos los aspectos, los que acumulan con su trabajo las riquezas, crean los valores, hacen andar las ruedas de la historia y que ahora despiertan del largo sueño embrutecedor a que los sometieron”. Para decirte a vos, como vos le dijiste a Fidel: “En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes: luchar contra el imperialismo dondequiera que esté; esto reconforta y cura con creces cualquier desgarradura”.

Daniel De Santis

     
     
    Marisa Rosado
   

Mensaje a los 80 años del Che

            Ernesto Guevara de la Serna, nuestro Che Guevara, cumple sus 80 años de vida, porque el Ché, contrario a lo que creyeron sus asesinos no ha muerto para esta América irredenta.  Los que lo mataron se equivocaron, el Che Guevara emergió como una de las figuras más imponentes de este siglo, Ché Guevara ya es leyenda inmortal. 

            Los puertorriqueños siempre recordaremos su discurso ante las Naciones Unidas el 11 de diciembre de1964, expresando su solidaridad con la independencia de Puerto Rico y con Don Pedro Albizu Campos, denunciando ante ese foro internacional la hipocresía del régimen norteamericano imperante en Puerto Rico, de excarcelar a Don Pedro Albizu Campos, a sus 72 años para que no muriera preso y esconder así ante el mundo el vil asesinato lento a que había sido sometido en su larga tortura y  encarcelamiento.  Cuatro meses después, Albizu pasaría a la eternidad.

            Pero Ché Guevara fue mucho más, fue el combatiente internacionalista que luchó y ofrendó su vida para que la humanidad dijera “basta y echara a andar”.  Han pasado 44 años desde ese discurso  y hoy vemos como su predicción toma vida. Su recuerdo vivirá siempre entre nosotros y hoy un puertorriqueño, Benicio del Toro, lo eternaliza en el cine.

Marisa Rosado
Historiadora y biógrafa de Pedro Albizu Campos
Presidenta de Casa Aboy, Inc.

     
     
    Víctor Casaus
   

EL PAN DESPIERTO

                                               Un hombre pasa con un pan al hombro

                                                                       César Vallejo

Cierta vez me contaron una anécdota  que a estas alturas
            ya es leyenda  según la cual
él acostumbraba a alojarse durante los viajes de trabajo
en la casa de sus suegros en Las Villas
y que allí se levantaba cada día  poco antes del amanecer
ante el asombro  el estupor o ya simplemente la costumbre
de los hombres encargados de cuidarlo
y descendía a pie por aquella vieja calle
para regresar al poco rato
desgajando pedazos de un pan que humeaba
entre los silbidos de su asma tempranera
y los ruidos de la mañana que también a esa hora
            comenzaba a despertarse

Anécdota  cuento  leyenda
o rumor de mi memoria
                                    llega ahora
este ocho de octubre del ochenta
mientras mi hijo camina junto a mí  al regreso de la escuela
y me ofrece este pedazo de pan
en sus manos que comienzan
a deshojar libros y romper cristales
y sacar punta a sus sueños y a sus lápices
y ya recogerán su lluvia  retomarán su sol
pedirán la palabra en las asambleas  desgajarán
a su tiempo sus mujeres  sus panes venideros
como éste que me ofrece ahora
trece años después de aquella fecha de la que no comienzo
            a hablarle
porque me distraigo  porque me concentro largamente
en la textura del pedazo de pan que me ha dado
y en el calor que se desprende de su masa
haciendo que esta tarde empiece a oler  de pronto a madrugada
y calle abajo andando y silbido de pecho que ama
            y sufre tanto
y rumor de la memoria  anécdota  cuento  leyenda
que miro y viene caminando a mi lado
desgajando el pan de su época

                                   Víctor Casaus

     
     
    Ambrosio Fornet
   

Creo que no hubo un  solo lector de Pasajes de la guerra revolucionaria que no se sorprendiera al descubrir uno de los rasgos menos conocidos de la personalidad del Che, el que se pone de manifiesto en su relato “El cachorro asesinado”. Es un rasgo característico de ese tipo de sensibilidad que solemos llamar “sentimental” cuando nos atenemos a la primera acepción del término: “Que expresa o suscita sentimientos tiernos.” Sabemos que el Che era muy aficionado a los perritos, tanto que Lidia, su mensajera de la Sierra, había decidido llevarle uno de regalo cuando ella se dispuso a trasladarse a El Escambray, donde debía servirle de enlace con el movimiento clandestino de La Habana. (Al trágico destino de Lidia y su compañera Clodomira –la mensajera de Fidel—, víctimas ambas de una delación, se han referido el Che, varios periodistas y, con los recursos propios del cine, Enrique Pineda Barnet en Aquella larga noche.) Lo que nos resultaba más curioso a los lectores de “El cachorro asesinado” no era el hecho en sí, descubrir aquel rasgo en una persona a la que mirábamos como se suele mirar a los héroes –seres compactos, hechos de una sola pieza--, sino el darnos cuenta de que aquello había sido narrado muy hábilmente, casi me atrevería a decir con mucha  malicia literaria, inspirándose tal vez en la clásica técnica del iceberg, esa masa que sobresale de la superficie pero cuya verdadera dimensión siempre queda oculta.

    Que el Che poseía dos virtudes propias del oficio de escritor –el gusto por la lectura y la capacidad de observación-- lo supimos desde que empezamos a leer Pasajes de la guerra revolucionaria: a raíz del desembarco del Granma, al sentirse herido y suponer que todo terminaría allí, cercados como estaban por las tropas de la tiranía, el Che reaccionó evocando una de sus lecturas, “un viejo cuento de Jack London donde el protagonista, apoyado en un tronco de árbol, se dispone a acabar con dignidad su vida”; y en medio de la confusión provocada por las avionetas que los ametrallaban desde el aire, se detuvo a observar por un instante dos escenas que le parecieron grotescas: la de un corpulento combatiente que trataba de esconderse detrás de una caña, y la de otro “que pedía silencio en medio de la batahola tremenda de los tiros”… Se tiene la paradójica impresión de que al contar situaciones semejantes, el testigo cumple tanto la principal exigencia que se le hace al historiador, la veracidad, como la que se le hace al fabulador, la verosimilitud, porque nadie que aspire a ser creído puede inventar cosas tan disparatadas. El Che da fe de su vocación testimonial al pedir al cronista futuro “que sea estrictamente veraz” en sus narraciones, que elimine de sus escritos toda afirmación dudosa o de cuya veracidad  no esté absolutamente seguro. Pero es inevitable que aun en las narraciones más objetivas se filtre una buena dosis de subjetividad, la que viene dada por el punto de vista del narrador y por la forma en que éste va modulando su relato. Véase el célebre caso de Eutimio Guerra, hombre de confianza de la guerrilla a quien el esbirro batistiano de turno le asignó la misión de asesinar a Fidel, lo que no se atrevió a intentar siquiera, aun cuando cierta noche llegó a dormir junto a él. Al ser descubierto, un día de tormenta, pidió de rodillas que lo mataran; tenía tantas canas en las sienes, notó el Che, que parecía haber envejecido de pronto, y su ejecución casi pasó inadvertida, porque el disparo apenas se escuchó en medio del ruido de los truenos… Narrada así, la historia del traidor tiene algo de patético, parece adquirir de súbito un aura trágica.

    En Pasajes de la guerra revolucionaria el espacio de la epopeya se humaniza porque coexisten en él las grandezas y las miserias humanas, los héroes y los desertores, los insobornables y los chivatos. A menudo se cuelan ahí el humor y la ironía, relacionados con la situación de escasez y aun de hambre que se padecía en los primeros tiempos de la lucha, cuando aun no había campamentos estables. En algún momento la acción de un desertor le pareció al Che realmente escandalosa porque el miserable se había llevado en su huída “una lata de leche condensada y tres chorizos”. Algunos campesinos, obligados por el hambre a comer carne de caballo, “creían estar cometiendo un acto de canibalismo mientras masticaban al viejo amigo del hombre”. Al ocupar un desolado lugar de la Sierra del que acababa de retirarse el ejército batistiano, los rebeldes no hallaron allí ninguna señal de vida, salvo “algunos gatos y algún puerco que escapó a la vesania del ejército… para caer en nuestras fauces”. A veces el humor se hace burla y el Che lo vuelve contra sí mismo: al disponerse a atacar por sorpresa un cuartel, los perros del vecindario rompen a ladrar y un soldado lo descubre y le dispara; “corrí –recuerda el agredido—con velocidad que nunca he vuelto a alcanzar”. Y más adelante admite que su participación en una escaramuza no tuvo nada de heroica, “pues los pocos tiros los enfrenté con la parte posterior del cuerpo”. Por momentos esa actitud se inserta en un contexto verdaderamente dramático, como cuando un intenso ataque de asma le impide caminar, de hecho replegarse ante el avance del ejército, y el guajiro Crespo va en su ayuda y, “con el léxico especial de nuestras tropas”, le grita: “Argentino de …, vas a caminar o te llevo a culatazos”.

   La anécdota de “El cachorro asesinado” es de una sobrecogedora sencillez. La columna del Che ha salido de operaciones. Van a tenderle una emboscada al enemigo. Al cruzar un terreno de viejos troncos caídos y vegetación muy espesa, que dificulta la marcha, sienten a sus espaldas un ladrido lastimero. Es la mascota del campamento, un perrito de caza, de apenas unas semanas de nacido, que ha ido tras ellos y ahora pide ayuda para seguir. Lo trasladan en brazos. Escogen el sitio de la emboscada y esperan en silencio el paso inminente del enemigo. De pronto, el perrito empieza a ladrar. Si continúan los ladridos, fracasará lo operación. Hay que sacrificarlo. El Che se dirige a Félix, su ayudante: “Ahórcalo”, le dice. Félix lo miró, recuerda el Che, “con unos ojos que no decían nada” y procedió a cumplir la orden. Nadie volvió a mencionar el incidente. Pero horas más tarde, mientras descansaban y comían en un bohío abandonado, ocurrió algo que el Che no olvidaría. Alguien rasgueaba una guitarra y cantaba una tonada. “No sé si sería sentimental la tonada”, dice, “o si fue la noche, o el cansancio”, pero lo cierto es que Félix dejó un  hueso en el suelo y un perro se acercó mansamente y lo cogió. “Félix le puso la mano en la cabeza, el perro lo miró –cuenta el Che--; Félix lo miró a su vez y nos cruzamos algo así como una mirada culpable.”

   Ahí podría terminar la narración, pero el Che siente la necesidad de subrayar que por los ojos de aquel otro perro los miraba a ambos la mascota, “el cachorro asesinado”. Y es ahí, justamente, en el título, donde funciona a plenitud la técnica del iceberg. No opera sobre la anécdota, sino sobre los sentimientos del personaje-narrador, sobre una conciencia que podía haber evadido su persistente sentido de culpa simplemente titulando el relato “El cachorro sacrificado”, puesto que la crueldad de la decisión estuvo dictada por las circunstancias. Pero eso le hubiera parecido un eufemismo a aquel autor que exigía de sus colegas testimonios estrictamente veraces y que ahora, predicando con el ejemplo, se lo exigía a sí mismo, aunque eso afectara su imagen. Damos así, por cierto, con esa coherencia moral que fue tal vez el rasgo más persistente y admirable de su carácter.

Ambrosio Fornet

     
     
    Teresa Orosa
   

“Cómo serías Guevara”


Cómo serías Guevara,
Si hoy la vida te llevara
Camino de lucha diaria,
Y  vejez,  te acompañara?

Cómo serías Guevara,
Si esta Cátedra arriesgada,
Un día al final del curso
Con carta, se te invitara?

Yo creo que tú serías
Otro miembro fundador,
y con sonrisa bien franca,
de vez en cuando tu voz,
Entrara en el Aula Magna!

Cómo serías Guevara,
Si psicóloga y docente
Tus vivencias
Yo estudiara?

Encontraría raíces
de infancia que disfrutaras,
y juventud aguerrida
Que en moto, tú realizaras.

Qué sentirías Guevara
Cuando este pueblo te diera
Tu condición ciudadana
Y a Cuba representaras,
en el surco, en la industria,
en las Naciones Unidas
y hasta, en los campos de caña?

Qué sentirías Guevara
Cuando de tu familia
Por convicción solidaria
Un día te despidieras,
Con personalidad, camuflada?

Qué valores Comandante!
Que integridad comprobada!
Cuántos rasgos te acompañan
a lo largo de tu vida,
De tu adultez madurada.

Recuerdo, cuando era niña
y estaba en la secundaria,
El día que nos dijeron,
Que tu presencia faltara.
Ese día te escribí
Mi primer verso,
Mi verso de aficionada.

Pero te digo Guevara
Que has sido mi paradigma,
Mi emoción, de esta, 
Patria Americana:
De guerrillero chileno,
Yo después, me enamoraba.

Ahora tendrías 80,
Y yo, casi jubilada.
Hoy estudio la vejez,
De tu querida vanguardia.

Estás en toda mi gente,
En mis viejos de batalla.
Eres,  memoria presente,
Feliz 80,  Guevara!

Que las ideas no mueren
Que tú lo dijiste un día,
Que hasta la victoria, siempre!
Gloria eterna, Che Guevara!


Teresa Orosa

     
     
    Miguel Angel Olivera
   

AMIGOS: recibí este convite recién hoy, no sé si llegaré a tiempo para sumarme al homenaje.
Me presento: Mi nombre es Miguel Ángel Olivera, soy uruguayo, 65años, poeta, 23 títulos publicados, actualmente vice-presidente de la Casa de los Escritores del Uruguay. Soy tupamaro y estuve en mi última caída prisionero político durante 12 años. Este poema que adjunto pertenece a mi libro aún inédito "El Tango tupamaro" de aparición incierta... Hay una anécdota que acompaña al texto: Mi detención se produjo justamente un 14 de junio de l972... Caí sabiendo que era el cumpleaños del CHÉ...no fue poca cosa saberlo: lo simbólico de esa casualidad me sirvió como uno de los sostenes para poder aguantar lo que se vino después de la caída, lo que en nuestra jerga denominamos "la máquina", es decir la tortura y esos recursos represivos del terrorismo de estado...En los peores momentos, una vocesita me decía al oído: "Flaco, no te vas a quebrar justo en el cumpleaños del Comandante de América...!!" Y así fue, el comandante nos dio ánimo una vez más con su ejemplo heroico...

Salú a su memoria siempreviva..!! Y abrazos para ustedes,

Miguel Angel Olivera (Montevideo-Uruguay)

 

TANGO DEL “CHÉ”

                                     “...para grabar a punta de suncho en las cafúas
                                        el nombre del más taura que conoció el reaje.
                                                                ( Carlos de la Púa)

                                      “...y se irá sin llevar ni una herida
                                el último guapo, del viejo arrabal..."
                                                                                                                        
                                                                (Riel y Aznar) 

              
él
tiene un póster de todos nosotros
allí donde esté...

no lo tiene colgado
sino sobre su mesa de campaña...
                              lo mira –nos mira-
                              pasa lista –revista- rostro por rostro
                              tacha alguno
todos los días      y
                                 también se divierte
                                 garabateando algún bigote
                                 una barba
                                 un par de guampas...
y
dice:
fulano se cambió de bando        ( y lo tacha )
mengano se murió de cáncer     ( y lo llora )
zutano es diputado electo en un parlamento burgués   ( y se calienta )
perengano se dedicó de lleno a la poesía...( y se ataca de asma )
pero
este pibe –señala- este pibe
                 sigue más firme que nunca         ( y se toma una a su salú...)
luego
traza un círculo rojo en la cara del pibe
y
                  lo recorta
después   y
                   lo pega

en otro póster que tiene en la cabecera del catre...
                     
                                 antes de dormir
todas las noches    antes de soñar 
                                    sueña
y
se dice
señalando los redondelitos:
                                              “éstos son los que me aguantarán la mirada...”
y
 se chifla despacito el tango “Sur”...


miguel ángel olivera (el cristo)

     
     
    Fidel Díaz
   

Yo sé de un monte sagrado

                            Al Che, al comunismo

Yo sé de un jardín sin puertas
que está a la mano y distante
       que está a la mano y distante
y es tan divino y profano
como un susurro de amantes
          como un susurro de amantes.

Es de mañana y de antes
y es una costa desierta
que se descubre en lo sano
como un niño tras la siesta
          como un niño tras la siesta.

Yo sé de un jardín sin puertas
vigilado por un muerto
          vigilado por un muerto
donde florecen respuestas
a las preguntas del viento
        a las preguntas del viento.

Allí no hay más alimento
que el de las páginas ciertas
escritas con el aliento
de los que nunca se acuestan
        de los que nunca se acuestan.

Allí no es vano el intento
y los sueños no se apuestan
allí no hay magos ni sastres
ni sofistas ni aguafiestas
     ni sofistas ni aguafiestas.

Yo sé del rincón llorado
de una escuelita en La Higuera
    de una escuelita en La Higuera
donde un cuerpo mutilado
sembró al Sur una quimera
     sembró al Sur nuestra quimera.
Y ya no cabe la espera ni las esperanzas yertas
     ni las esperanzas yertas
pues sé de un monte sagrado
y sé de un jardín sin puertas
ya sé de un jardín sin puertas.

Fidel Díaz (El Diablo Ilustrado)

     
     
    Aleida Guevara March
   

Escribir algo a mi padre en sus 80 cumpleaños es difícil para mi, no creo en un más allá, pero reconozco que hay veces que desearía que ese más allá fuese un ven acá.

Me gustaría poder abrazarlo, cuidarlo, mimarlo y discutir con él todas las cosas que me van golpeando, todo cuanto continúo aprendiendo. Pero eso es imposible, físicamente hace mucho que no está.

En una ocasión, pensando en su madre, mi abuela, papi escribió algo muy interesante sobre la vida después de la muerte. El decía que se puede sobre vivir en los hijos, pero no quería ser una carga para nosotros, no nos pedía nada en especial, sólo que fuéramos dignos hijos del pueblo donde vivíamos. Reconoció que cuando hablábamos de una carga al machete estábamos hablando de la vida aún después de la muerte, se refería a la historia que es una forma de vencer la muerte.

Y heme aquí, sin temor a equivocarme, que estoy hablando de la vida después de la muerte, porque el Che hoy cumple 80 años de vida y que vida, siempre en polémica, hasta le discuten la fecha de nacimiento, unos se dedican a describir esa vida, algunos amigos, otros no tanto, unos fieles a la verdad histórica, otros inventándose cualquier cosa. Pero continúa llamándonos a la reflexión y siempre es un reto. Este argentino, nacido en Rosario no se cansa nunca de dar el ejemplo y es que como ser humano es tan completo que no logramos igualarlo, lo intentamos, seguro, pero muchos nos quedamos sólo hablando y vaya si hablamos, pero desgraciadamente pocos actuamos.

Y de que sirven los discursos y hasta los monumentos si no llevamos a la práctica sus ideales y convicciones.

Hablar es fácil, crear monumento no tanto, pero puede hacerse, ustedes lo demostraron cuando reunieron pieza a pieza lo que necesitaban y lo lograron. Pero digo yo, de que sirven los monumentos cuando no conocemos la vida que llena esa imagen y de que vale el conocerla si no la interiorizamos, si no la llevamos a la práctica cotidiana.

Esto es sólo un comienzo, los primeros pasos, pero necesitamos mucho más, muchísimo más.

Necesitamos unidad, palabra mágica que tanto mencionamos pero que apenas sentimos, necesitamos educación, porque sólo sabiendo lo que queremos y como podemos hacerlo es que dejaremos de ser manipulados, utilizados y podremos ser realmente libres. Necesitamos información, pero no amañada por los intereses de los poderosos, si no la información que llegue a todos y que sea fiel reflejo de lo que vivimos, para tener la capacidad de reaccionar ante lo que nos rodea. Necesitamos acción, acción revolucionaria que nos permita modificar lo que sabemos que no debe seguir ocurriendo, para poder impedir que personas sin escrúpulo tiren la leche que es tan necesaria para muchos niños que hoy mueren de hambre, para tantos hombres y mujeres que la necesitan.

A pesar de lo que dijo Esquivel anoche, yo no puedo decirles todo lo que quisiera sobre ese tema, porque todavía no somos reconocidos como hijos de la gran patria latinoamericana, tenemos que ser prudentes en ese sentido, son problemas internos que deben ser resueltos por ustedes, aunque ya nos sintamos parte de este pueblo y aunque sus problemas sean también nuestros. Pero no puedo callar mi conciencia y como simple mujer cubana que sabe lo que padecen nuestros pueblos, como médico que ha estado combatiendo la desnutrición y la muerte en Nicaragua, en Angola; como madre, les pido, por favor que no permitan estas cosas, no permitan semejante crimen. Sean coherentes, defiendan el derecho a la vida de los que están confundidos, de los que no tienen fuerza, de los que no tienen el valor para hacerlo.

Como ayer Esquivel nos preguntó que pensaría el Che de esto, hoy les pregunto que harán ustedes ante esto?

La vida es muy corta, dicen que cuando estamos aprendiendo a vivir, debemos comenzar a despedirnos, para algunos es más corta aún, porque gustosos la entregamos por lo que creemos o porque nos la arrebatan porque de alguna forma les damos pavor a los poderosos. Pero mientras tengamos el privilegio de existir, hagámoslo con dignidad y valentía, vivamos de forma tal que al momento de la despedida no sintamos dolor por los años pasados en vano, aprovechemos al máximo lo que tenemos, disfrutemos el privilegio de vivir, seamos alegres, pero no podemos dejar de ser profundos.

No hay mayor alegría que saber que somos capaces de luchar por lo que creemos, no mayor alegría que sentirte útil a otro ser humano.

Decía el Che que los verdaderos revolucionarios tienen que ser románticos, porque solo amando puedes entregar la vida por un ideal.

Compañeros, hace muchos años, nuestro José Martí hizo un poema que tituló Yugo y Estrella, desde el siglo XIX este insigne americano nos mostró dos caminos en la vida, aceptas el yugo y te conviertes en buey, tienes paja caliente y rica y ancha avena, puedes tomar alimentos y asegurarte un techo si obedeces, si bajas la cabeza y aceptas lo que te ordenen; o puedes ceñirte la  estrella, la estrella que ilumina y mata, da tanta luz que muchos tienen miedo de ella y te dejan solo, pero como eres capaz de crear, creces.

Martí eligió la estrella y el Che fue parte de ella, es una decisión personal, que deciden, son bueyes o se unen a la estrella? Ustedes y sólo ustedes deciden.

Hoy quiero agradecerles, agradecerles todo el esfuerzo que han hecho muchos compañeros, muchos de ellos jóvenes, para conmemorar este 80 aniversario de vida intensa.

Quiero agradecer la solidaridad para con Cuba, el trabajo importante que desarrollan las Cátedras Che Guevara y su compromiso con las jóvenes generaciones, la labor de los sindicatos, de los obreros, en estas actividades, quiero agradecerles el que nos hayan permitido a todos nosotros estar hoy aquí, con ustedes.

Quiero agradecerles a todos su presencia en este momento.

Antes de concluir mis palabras y pensando en algo que escuché ayer, que los cumpleaños se celebran con los amigos, los hijos, los hermanos, con los que te quieren bien, permítanme decirles que hoy me acompañan algunos de mis tíos, hermanos de papi, está la tía Celia a la que conocí siendo muy pequeña y que ya quería aún sin conocerla, porque mi madre me contó que mi padre la quería mucho y cuando la conocí la quise mucho más porque sentí que ella quería mucho a mi padre, está aquí con nosotros, mujer sencilla que pocos identifican como la hermana del Che porque nunca ha usado su nombre como tarjeta de presentación, aunque ha hecho cualquier revuelo por defender la vida de otro hermano que cuando estaba preso se le negaba atención médica urgente, mi tío Juan Martín, el pequeño hermano de papi que no llegó a ver convertirse en hombre y luchar por sus propios ideales.

Están aquí mis hermanos, 2 hombres, abogados, cubanos internacionalistas y mi hermana, que cuando papi cumplió sus 35 años se convirtió en el mejor regalo que seguramente recibió, también Celia como la abuela y la tía, es médico veterinario, especializada en mamíferos marinos, hoy cumple años. Felicidades hermanita.

También está junto a nosotros mi madre que lo amó tanto y que nos mostró lo mejor de nuestro padre.

Y están aquí junto a nosotros mis otros cinco hermanos, prisioneros injustamente en las cárceles de Estados Unidos de Norte América, por luchar contra el terrorismo en el propio territorio nacional del imperio, hombres dignos de nuestro pueblo que a pesar de las distancias están aquí celebrando porque no hay barreras para la dignidad, el valor y la ternura y estos hombres en su conjunto son la mejor muestra de la fuerza de nuestro pueblo.

Están también, pese a la distancia, Fidel, Raúl, Pombo, Ramiro y tantos amigos y compañeros que no lo olvidan y que lo sienten presente.

Ante todos ellos renuevo mi compromiso de luchar junto a ustedes, de luchar junto a mi querido y aguerrido pueblo, junto al gran pueblo latinoamericano, junto a las mujeres y hombres honestos del mundo, por ese mundo mejor que todos necesitamos hasta las últimas consecuencias, hasta la Victoria Siempre.

Aleida Guevara March

     
     
    Atilio A. Boron
   

El Che y la recreación del marxismo
Por Atilio A. Boron

Una de las mejores maneras de conmemorar el octogésimo aniversario del nacimiento del Che es recuperar una de sus facetas menos conocidas o, tal vez, la más olvidada: su papel como recreador del pensamiento marxista en clave latinoamericana. Desconocimiento u olvido explicable por la celebridad adquirida como “el guerrillero heroico”, valiente como el que más y a la vez noble y generoso como pocos con sus vencidos. Un hombre cuya absoluta coherencia entre ideas, valores y conductas lo convierte en un paradigma insuperable, especialmente en épocas como éstas, en las que la traición a los viejos ideales –o la desconexión entre lo que se piensa o dice y lo que se hace– ha adquirido proporciones escandalosas.
Como bien lo recordaba días pasados Miguel Barnet, este extraño guerrillero cargaba en su mochila la poesía de León Felipe y Pablo Neruda. En sus campamentos en la selva boliviana tenía más de un centenar de libros, muchos de los cuales eran verdaderas joyas del pensamiento social universal. No fue casual su capacidad para recibir críticamente algunas de las categorías del marxismo y para someter a implacable crítica la grotesca deformación que éste había sufrido a manos de la Academia de Ciencias de la URSS y sus insoportables manuales de “marxismo-leninismo”. Hay un paralelo entre Gramsci y el Che: ambos repudiaron las codificaciones “escolásticas” del marxismo. El primero, burlándose en su breve escrito a propósito de la Revolución Rusa, “La revolución contra El Capital”, de la interpretación canónica de El Capital del principal teórico de la Segunda Internacional: Karl Kautsky. El Che, haciendo lo propio con los “ladrillos soviéticos” que también decretaban la imposibilidad de la revolución en los países atrasados.
Tanto uno como el otro libraron una exitosa batalla contra el “economicismo” décadas antes de que algunos intelectuales, arrepentidos de sus pecados juveniles, renacieran como infecundos posmarxistas y “descubrieran” el determinismo economicista que, según ellos, condenaba irremisiblemente la teoría marxista al cementerio de las ideas. Carentes del talento y la audacia intelectual que les sobraban a Gramsci y el Che, se rindieron ante las caricaturas y en lugar de repensar creativamente al marxismo optaron por adherir a la ideología dominante de su tiempo.
Heredero de una noble tradición, de la cual José Carlos Mariátegui fue el gran precursor, el Che concebía al marxismo en sintonía con la Tesis Oncena de Marx: en vez de interpretar el mundo, de lo que se trata es de cambiarlo. Como Lenin, creía que “el marxismo no era un dogma sino una guía para la acción”. Por eso, si la teoría se daba de bruces con la realidad aquélla debía ser meticulosamente revisada. Si el eurocentrismo del marxismo originario no le hacía lugar a la revolución socialista en la periferia había que depurarlo de esos condicionamientos y, sin tirar al niño junto con el agua sucia de la bañera, recrear la teoría para dar cuenta del inédito desafío. Y si los “manuales” postulaban una visión etapista y mecanicista según la cual no podía haber revolución socialista sin que antes hubiera una revolución democrático-burguesa liderada por la burguesía nacional, lo que había que hacer era arrojar esos textos por la borda y repensar todo de nuevo. En esta operación el Che demostró, al igual que los grandes clásicos del pensamiento marxista, que la teoría no es un edificio acabado sino un emprendimiento en permanente revisión y reconstrucción, y que el abandono de ciertas proposiciones (y sus correlatos político-prácticos) y su reemplazo por otras puede hacerse sin necesariamente menoscabar el argumento central del marxismo, que revela el carácter insanablemente injusto, explotador y predatorio del capitalismo. Demostró también que el proyecto socialista trasciende el marco económico o el productivismo: que de lo que se trata es de crear un hombre y una mujer nuevos, una nueva cultura, una democracia participativa integral, un internacionalismo concreto y eficaz, basado en la solidaridad y el altruismo. Todo esto requiere de un sustento material, pero si esa apoyatura no sirve de fundamento para lo otro el proyecto socialista estará desahuciado antes de nacer.
El legado teórico del Che es inmenso y la tarea de recuperarlo recién ha empezado. Sus pesimistas apreciaciones sobre la escena internacional de su tiempo, dominada por la “coexistencia pacífica” proclamada por la URSS, fueron proféticas; su visión de que no se puede construir el socialismo “con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo” es irrebatible a la luz de la experiencia reciente; sus análisis sobre la naturaleza incorregible y brutal del imperialismo se corroboran día a día, desde los “bombardeos humanitarios” de Bill Clinton hasta las torturas a niños y niñas iraquíes de 10 a 12 años definidos por Bush y su pandilla como “amenazas imperativas”, tal como lo expusiera Juan Gelman en este diario el pasado 12 de junio; igualmente preciso es su diagnóstico sobre la centralidad de la ideología cuando dice que “el capitalismo recurre a la fuerza pero además educa a la gente en el sistema” y lo viene haciendo desde hace quinientos años, con lo cual nos convoca a librar la “batalla de ideas” en todos los frentes. Y así podríamos seguir enumerando hitos de una reflexión teórica que no se detiene ante el saber establecido y prosigue incansable su marcha hacia horizontes de comprensión cada vez más profundos y abarcativos. Cuatro décadas después de su cobarde asesinato, el Che está más vivo que nunca.


Atilio A. Boron

     
     
    Tirso Sáenz
    Querido Che:

Cuando trabajábamos en el Ministerio de Industrias, nunca me enteré de la fecha de tu cumpleaños. Era tan intenso el bregar de aquellos días, tratando de resolver los enormes problemas que se presentaban para emprender el camino de la industrialización que tú con empeño dirigías, que de tu onomástico muy pocos se enteraban y, mucho menos, se haría una fiesta por ese motivo. Tu modestia y tu sensibilidad no lo habrían permitido.

Por otra parte, había mucho por hacer. Era necesario, en primer lugar, resolver la falta de casi todo por culpa del bloqueo que el imperialismo nos impuso criminalmente, Además, las agresiones y sabotajes ¿te acuerdas de los días de Playa Girón, cuando se te escapó un tiro de la pistola y el enemigo corrió la “bola” que te habías suicidado?, ¿y de la Crisis de Octubre, cuando avisaste desde tu puesto de mando militar que se tramaba un criminal sabotaje contra el sistema eléctrico de la principal mina de cobre del país, que podría causar innumerables víctimas? Recuerdo cómo todos nos movilizamos para hallar una planta eléctrica y, en menos de 48 horas, dejarla instalada. Fueron momentos en que todos nos multiplicamos. Tomando la experiencia de esos días, dijiste que debíamos continuar trabajando siempre con ese espíritu que llamaste de “alarma de combate”.

También, la fuga de cerebros promovida por los EE.UU. nos dejó las fábricas con pocos recursos humanos calificados. El  75% de los ingenieros que había en el país  que no eran muchos se marcharon. Tus llamados a  estimular la inventiva de la clase obrera los Consejos Técnicos Asesores, el Movimiento Construye tu propia Maquinaria, los Comités de Piezas de Repuesto resultaron esenciales para la participación masiva de los trabajadores en la solución de los problemas de sus fábricas y suplir la falta de recursos técnicos. En definitiva, la clase obrera estaba tomando el poder.

También era imperioso estudiar, capacitarse. La hermosa Campaña de Alfabetización había concluido y se acabó para siempre el analfabetismo en Cuba; pero eso no era suficiente. El Ministerio con todas sus fábricas a lo largo del país se convirtió en una gran escuela: el Seguimiento, el Mínimo Técnico y otra infinidad de cursos se organizaron. Todos estudiábamos. En ese empeño, tú fuiste el ejemplo que nos impulsó a superarnos. Estudiaste Economía, Contabilidad, Matemáticas y fuiste nuestro profesor, además en un curso de Programación Lineal para el Consejo de Dirección, integrado en su casi totalidad por personal inexperto, pero que te seguíamos con dedicación.

Fuiste ejemplar en el impulso al trabajo voluntario, como motor ideológico de la Revolución. Íbamos los domingos, bien temprano en la madrugada, a las fábricas y a los cañaverales ¡Cómo cortamos caña contigo y cómo nos hacías sudar! Aunque, ¿recuerdas?, el trabajo era duro, pero nos divertíamos.

Fuiste muy exigente, inclusive contigo mismo, podíamos errar no mucho pero no perdonarías la negligencia o la irresponsabilidad. Sin embargo, fuimos también testigos de tu sensibilidad humana y de tu sentido de amistad, así como de tu austeridad. Insistías en los controles económicos para que ni un centavo del pueblo se perdiera.

La discusión colectiva fue un método permanente de trabajo. Eso nos permitió tratar de tomar siempre las mejores decisiones y crear un equipo muy unido en el Ministerio.

Tu visión estratégica impulsó la creación de institutos de investigación, muchos de los cuales hoy mantienen su vigencia y obtienen resultados de importancia para nuestra economía. En esa tarea tuve el privilegio de acompañarte.

He conversado con muchos compañeros quienes trabajamos contigo en el Ministerio de Industrias. Todos sentimos que nuestras vidas quedaron marcadas con todas las cosas que aprendimos contigo. Conocimos tu firme lealtad a la Revolución y a Fidel. Aprendimos, sobre todo, a ser más revolucionarios y más solidarios.

Creo que nunca imaginaste que tu imagen alcanzaría una dimensión universal que continúa expandiéndose sin detenerse. Tu figura es querida y respetada, no solo por los cubanos que te conocimos más de cerca, sino por millones de seres de todas las razas y credos. Tu ejemplo es inspiración y motivo de acción para todos los hombres y mujeres que sienten en carne propia el dolor ajeno.

Por eso, Che, por primera vez voy a homenajearte por tu cumpleaños y  agradecerte el privilegio de haber estado a tu lado y conocerte. En este día te recordamos con gran cariño por todo lo que fuiste, por lo que sigues siendo y por lo que eternamente serás.

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE.

Tirso[1].
Brasilia, 14 de junio de 2008

[1] Tirso W. Sáenz fue Viceministro en el Ministerio de Industrias en el período en que el Che fuera Ministro. Actualmente es Profesor Asociado del Centro de Desarrollo Sustentable de la UNB y Presidente del Capítulo de Brasilia de la Asociación Nacional de Cubanos Residentes en Brasil “José Martí”.